Origen de Venus y las Pléyades
|
Los Guaraní eran un pueblo formado principalmente por cazadores, colectores y pescadores. Para suministrar provisiones para aldeas formadas por diversas familias, ellos necesitaban tener acceso a un rico y variado ecosistema. Sin embargo, para el mejor aprovechamiento de ese medio ambiente, del cual ellos se consideraban parte integrante, no era suficiente saber el que, donde y como cazar, pescar y colectar, también era necesario saber cuando.
En la época en que los Guaraní pasaban grandes dificultades con la alimentación, nació una niña muy bonita llamada Keraná, considerada la diosa del sueño porque pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. Mientras estaba despierta, todos se admiraban de su bondad e inteligencia.
En su adolescencia, Keraná enseñó a su pueblo a relacionar las estrellas que aparecen en el cielo, en determinada época del año, con el clima, la fauna y la flora del lugar. Desde entonces, la observación astronómica estuvo en la base del conocimiento de los Guaraní, pues fueron profundamente influidos por la precisión de los ciclos de ciertos fenómenos celestes, tales como el día-noche, las fases de la Luna y las estaciones del año. Ellos percibieron que las actividades de pesca, caza y recolección obedecían a esas fluctuaciones cíclicas. Así, buscaron entenderlas y las utilizaron para su propia subsistencia.
Las enseñanzas de Keraná pueden ser reconocidas en la organización social y en las conductas del cotidiano Guaraní, sirviendo, por ejemplo, para planear sus rituales, para definir códigos morales y para ordenar las actividades de la aldea. Además de registrar el tiempo, los astros sirven también para la orientación en los viajes. Así, los Guaraní no hacen mucha distinción entre el tiempo y el espacio, designando esas dos palabras con una única: ara.
Keraná también creó diversos mitos relacionados con estrellas y constelaciones para ayudar su pueblo a identificarlas. Ella pidió que en las noches frías de invierno, alrededor de las hogueras, los indios Guaraní contaran a sus hijos los mitos narrados por sus antepasados, para transmitir el conocimiento del cielo de generación en generación.
La extrema belleza de Keraná atrajo la atención de Taú que se enamoró por ella, quiso tenerla para sí y planeó raptarla.
Sin embargo, Angatupyri supo de sus planes y trató de salvar a la diosa, desafiando a Taú. Los dos lucharon durante siete días y siete noches, Taú venció pues fue ayudado por el dios del coraje y de la guerra, Pytajovái, que llevaba, dentro de sí, el fuego de la destrucción. Así, el espíritu del mal consiguió llevar consigo a Keraná.
Los dioses que habitaban el cielo quedaron muy airados con la actitud malévola de Taú y lo castigaron dándole como descendencia siete hijos monstruosos:
Tejú-Jaguá (lagarto/iguana-jaguar) (o Jaguarú): Es un gran lagarto con cabezas de perro. Dominador de las cavernas y protector de las frutas. |
Mbói-Tu'î (víbora-loro): una enorme serpiente con pico de loro. Sus dominios eran los grandes esteros. Fue protector de animales acuáticos y anfibios, del rocío, la humedad, y las flores. |
Moñái: dios del campo, del aire, y de los pájaros. Protector de los robos y picardías. Era aficionado a robar y acumular el fruto de sus robos en una gruta. |
Jasy-Jateré (fragmento de la luna): hombrecillo de cabellos dorados, señor de las siestas, poseedor de una varilla mágica que le hacía invisible. Protector de las abejas y del ka'a-ruvichá o yerba hechicera. Extraviaba a los niños para llevarlos a su hermano Aó-Aó, que era caníbal. |
Kurupí con un enorme miembro viril, largo como un lazo. Espíritu de la fecundidad, señor de las selvas y de los animales silvestres. Secuestraba a niños y mujeres. |
Aó-Aó espíritu de la fecundidad, dejó mucha descendencia. Era caníbal y considerado el señor de los cerros y montañas. |
Luisón o Huichó, hombre de la noche y compañero de la muerte. Sus dominios eran los cementerios. Vivía de la carne de difuntos. Era feo, de cabellos largos y sucios, con una palidez mortal y olor fétido. Causaba repugnancia y terror. |
El tiempo pasaba y la vida de los Guaraní se convertía cada vez más difícil debido a la influencia maligna de los siete hermanos monstruosos que provocaban odio, discordia y luchas en el pueblo.
Decidido a colocar orden en la aldea y apaciguar los ánimos, el sabio reunió a los caciques y pajés en una gran asamblea para discutir el problema y elaborar un plan a fin de destruir los monstruos.
Pa' í Sumé tenía una hermana muy bonita, Porãsy, considerada la madre de la belleza, que se ofreció para ayudar, sacrificándose en nombre de su pueblo. Ella se hizo más bella aún, se adornó de flores, colores y plumas, se perfumó con las más puras fragancias de la naturaleza y fue, a una caverna, a visitar a Moñai que, ciego con tanta belleza, se dejó seducir. Siguiendo lo planeado y ya con Moñai la sus pies, Porãsy lo convenció de reunir a sus hermanos para la ceremonia de boda.
Como Tejú-Jaguá no podría ir debido a sus deformidades, resolvieron hacer la gran fiesta en una cueva cerca de donde él vivía. Porãsy, vestida con sus ropas nupciales encantaba a todos y les servía bebidas alcohólicas hasta dejarlos totalmente borrachos.
Cuando los hermanos monstruos estaban embriagados, sin fuerzas para ofrecer resistencia, el Tinguaçu, una ave que es conocida popularmente como Alma de Gato Blanco voló y cantó para alertar los Guaraní. Pa'í Sumé y sus seguidores se habían preparado para cerrar la entrada de la cueva después que la prometida huyera de allí. Sin embargo, cuando ella intentó salir, Moñai percibió la trampa, la agarró y la obligó a quedar en la cueva con él. En esa situación, Porãsy gritó implorando para que cerraran inmediatamente la entrada y prendieran fuego, siguiendo el plan preestablecido. Sus amigos, sufriendo con el sacrificio de la chica, cerraron la entrada con piedras, juntaron leñas y Pa' í Sumé prendió el fuego que fue alimentado durante toda la noche, matando todos que estaban encerrados en la cueva.
En la madrugada, el espíritu de Porãsy, en forma de perfumado humo colorido, salió de la cueva, subió a los cielos y se transformó en el planeta Venus cuando aparece de madrugada. Él es llamado de Mbyjá' Ko'y (Estrella Matutina) por los Guaraní, representando una bella diosa y de gran fuerza física destinada por los dioses a iluminar las auroras hasta el fin de los tiempos, anunciando el nacimiento del Sol y orientando a las personas que viajan de madrugada.
Venus es muy observado por los Guaraní por ser, después del Sol y de la Luna, el objeto más brillante del cielo. Ellos piensan que se trata de dos estrellas que aparecen en periodos diferentes: la estrella matutina (Dalva) y la estrella vespertina (Vésper). Es utilizado para orientación, por ser visto siempre próximo al Sol, en el inicio de la noche o en el fin de la madrugada.
Los siete hermanos monstruosos se consumieron en el fuego durante siete días y siete noches, tiempo necesario para alcanzar la purificación. Después, subieron al cielo en forma de nube y, reunidos, formaron el aglomerado estelar de Las Pléyades, llamado por los Guaraní Eichú (Vespeiro). Cuando este conjunto estelar aparece por primera vez, antes del nacimiento del Sol, marca el día del inicio del año Guaraní y, en los otros días, sirve como calendario para regular sus actividades.
Las Pléyades está constituido de diversas estrellas jóvenes, azules, que se localizan en la constelación occidental de Tauro. A ojo desnudo, lejos de la iluminación artificial y sin Luna, podemos ver siete de esas estrellas y, de ahí que, Pléyades son también conocidas como las siete estrellas o las siete hermanas.
Mirando para Eichú, los indios identifican los siete hermanos, que por la orden decreciente de brillo son: Tejú-Jaguá, Mboi'-tú'i, Moñai, Jasy-Jateré, Kurupí, Aó-Aó y Huichó, respectivamente.
Keraná, la madre de los siete monstruos, se aisló en el alto de una montaña y murió de tristeza por haber perdido sus hijos, también se transformando en estrella. Taú, su marido apasionado, la acompañó.
Al lado de Eichú, un poco alejadas, existen dos estrellas brillantes, representando Taú y Keraná que continúan, para siempre, cuidando y protegiendo a sus amados hijos.
Fuentes: