Titu Cusi Yupanqui
Inca 1526 - 1570 |
Hizo gala de una enorme belicosidad desde los primeros momentos de su mandato. Continuamente armaba a sus hombres y mandaba atacar pueblos, ciudades y caminos. De esta forma consiguió dominar en poco tiempo muchas tierras en las que cultivaba maíz, cañagua, quinoa y bastante cantidad de coca, que producía en los valles calientes, desde donde era transportada al Cusco, Abancay, Andahuaylas y el Collao, lugares de buena venta por la mucha demanda. A base de estos productos el Inca se enriqueció rápidamente.
Los Incas de Vilcabamba El valle de Vilcabamba entre los ríos Apurímac y Urubamba, en una zona de difícil acceso, constituyó el último bastión de resistencia Inca frente a la invasión española. La inició Manco Inca y la continuarían sucesivamente tres de sus hijos. En la imagen La Fortaleza de Choquequirao.
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Como es de suponer, la corona española, en su afán de terminar con tan molesta situación, reinició negociaciones bajo el gobierno de Lope García de Castro, enviando al mensajero Rodríguez de Figueroa, quien cuando llegó a Pampacona -lugar donde se entrevistó con el Inca- le encontró lujosamente ataviado y con mucho poder. Tito las aceptó y designó a dos personas para que se ocupasen de sus asuntos: por notario, al mestizo Martín de Pando y de apoderado en el Cusco a Juan de Betanzos, casado con una prima suya (Cuxirimay Ocllo). El inca confiaba plenamente en el cronista español, cuando falleció su hermano Sayri, creyó que había sido asesinado por los españoles y sólo se convenció de que no sucedió así, al certificárselo Betanzos.
Firmó la capitulación de Acobamba en 1566 y en dicho tratado se ponía fin a las hostilidades y se perdonaban los actos cometidos por los rebeldes. Una de las medidas del la capitulación fue el bautizó de Titu Cusi Yupanqui (con el nombre Diego de Castro) y su familia en 1568, hecho que no fue bien visto por los curacas más radicales.
Ello no impidió que se mantuviese firme en lo que respecta a su soberanía, por lo que llegó a dictar a un escribano, en 1570, una carta a Felipe II, en la que exponía los agravios a los que su pueblo había sido sometido ("Relación de cómo los españoles entraron en Pirú y el subceso que tuvo Mango Inca en el tiempo que entre ellos vivió").
Su muerte en 1570, posiblemente causada por una pulmonía, fue achacada a los misioneros agustinos que lograron entrar tras la capitulación, ya que en su afán de ayudar le dieron brebajes que los andinos pensaron era veneno. El misionero Diego Ortiz fue encontrado culpable siendo torturado y ajusticiado posteriormente. Los españoles y mestizos que se encontraban en Vilcabamba también fueron ajusticiados y nuevamente comenzaron las hostilidades.
La élite buscó un sucesor y fue así que su hermano Túpac Amaru empuñó el cetro y se ciñó la mascapaycha a comienzos de 1571.
Fuentes:
Juan de Betanzos: El gran cronista del Imperio Inca
Mª Carmen Martín Rubio. Universidad Complutense Madrid