Hijos del Guaraná
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El jesuita luxemburguês Johannes Philippus Bettendorf (1625 -1698) en 1969, año del primer contacto de los Sateré-Mawé con los europeos, describió el guaraná: “tienen los Andirazes [así llamaban a la tribu] en sus mitos una frutita que llaman guaraná, la cual secan y después pisan, haciendo de ésta unas bolas, que estiman como los blancos estiman al oro, ya desechas con una piedrita, con la que las van rozando, se beben en una vasija con agua mezclada y da tantas fuerzas, que yendo los indios a la cacería de una día para otro no sienten hambre. Además hace orinar, quita la fiebre, los dolores de cabeza y los calambres”.
El guaraná, que contiene una alta proporción de cafeína, muy superior al té y al café, es el producto por excelencia de la economía Sateré-Mawé. Lo comercializan intensamente, ya a inicios del siglo XIX su distribución llegaba a lugares distantes como Mato Grosso y Bolivia. Su demanda se explica por sus propiedades de estimulante, regulador intestinal, anti blenorrágico, tónico cardiovascular y afrodisíaco.
El proceso de fabricación, básicamente, es tarea de los hombres: les corresponde la descascada del guaraná crudo, el lavado del guaraná, la tuesta, la descascarada del guaraná tostado y la maceración, y a los más avezados la modelación de los panes de guaraná y el control del ahumado.
Las mujeres adultas -madres y abuelas- intervienen en el lavado de los panes, luego de recibirlos de los panaderos. Es una tarea delicada con una serie de prácticas que sumadas resultan una sesión ritual: rallarán el pan de guaraná para diluirlo en un cuenco con agua. La bebida será consumida cotidiana, ritual y religiosamente por adultos y niños en grandes cantidades.
Leyenda del Guaraná 1
Una pareja de indios perteneciente a la tribu Maués, vivían juntos durante muchos años sin tener hijos, pero deseaban ser padres.
Un día le pidieron a Tupá que les diera un hijo para completar su felicidad. Tupá, el rey de los dioses, que sabía que la pareja era muy bondadosa, les concedió el deseo y les dio un niño muy lindo. El tiempo pasó rápidamente y el niño creció siendo hermoso, generoso y bueno. Sin embargo Jurupari, el dios de la oscuridad, sentía una gran envidia del niño y de la paz y felicidad que transmitía, por lo que decidió segar aquella vida en flor.
Un día, el niño fue a colectar frutos al campo y Jurupari aprovechó la ocasión para consumar su venganza. Se transformó en una serpiente venenosa y mordió al niño, matándolo al instante.
La triste noticia se difundió rápidamente. En ese momento, hicieron eco los truenos y fuertes relámpagos cayeron en la aldea. La madre, que lloraba desesperadamente, entendió que los truenos eran un mensaje de Tupá, diciéndole que debería plantar los ojos del niño y que de ellos crecería una nueva planta que daría sabrosos frutos.
Los indios obedecieron los pedidos de la madre y plantaron los ojos del niño. En ese lugar creció el guaraná, cuyas semillas son negras, cada una con un arilo alrededor, imitando los ojos humanos. Esa planta trajo el progreso de la tribu debido al abundante comercio. Y como confirman los sabios, da vida, fortalece a los jóvenes y revigoriza a los mayores.
Fuentes:
https://pib.socioambiental.org/es
1 Leyendas de la Amazonia. Ana María Gómez Platero y Victoria Palma Ehrichs. Colección Orellana. 2018