Descubrimiento del Río e las Amazonas
| La salida al mar |
Salimos de la boca de este río por entre dos islas, que había de la una a la otra cuatro leguas por medio del río, y todo él junto, según arriba le vimos, tendrá de punta a punta sobre cincuenta leguas: mete en la mar el agua dulce más de veinte y cinco leguas; crece y mengua seis o siete brazas. Salimos, como dije, a veinte y seis días del mes de Agosto, día de San Luis; e nos hizo tan buen tiempo, que nunca por río ni por la mar tuvimos aguaceros, que no fue poco milagro que Nuestro Señor Dios obró con nosotros. Comenzamos a caminar con entrambos bergantines, unas veces a vista de tierra y otras veces no la veíamos, mas no que supiésemos dónde, y el mismo día de la Degollación de San Juan en la noche se apartó el un bergantín de otro, que nunca más nos pudimos ver, que pensamos que se hubiesen perdido, y al cabo de nueve días que navegábamos nos metieron nuestros pecados en el golfo de Paria pensando que aquel era nuestro camino, y como nos hallamos dentro tornamos a salir a la mar: y fue la salida tan dificultosa que tardamos en ella siete días, todos los cuales nunca dejaron los remos de las manos nuestros compañeros, y en todos estos siete días no comimos sino fruta a manera de ciruelas, que se llaman hogos; así que con mucho trabajo salimos por las bocas del Dragón, que tales se pueden llamar para nosotros, porque por poco nos quedáramos dentro. Salimos de esta cárcel; fuimos caminando dos días por la costa adelante, al cabo de los cuales, sin saber dónde estábamos, ni dónde íbamos, ni qué había de ser de nosotros, aportamos a la isla de Cubagua, y ciudad de La Nueva Cádiz, donde hallamos nuestra compañía y pequeño bergantín que había dos días que había llegado, porque ellos llegaron a nueve días de Septiembre y nosotros llegamos a once de dicho mes con el bergantín grande, donde venía nuestro Capitán: tanta fue la alegría que los unos con los otros recebimos, que no lo sabré decir, porque ellos nos tenían a nosotros por perdidos y nosotros a ellos.
De una cosa estoy informado y certificado: que así a ellos como a nosotros nos ha hecho Dios grandes mercedes muy señaladas en nos traer en este tiempo, que en otros los maderos que andan por la costa no nos dejaran navegar, porque es la más peligrosa costa que se ha visto. Fuimos tan bien recebidos de los vecinos de esta ciudad como si fuéramos sus hijos, porque nos abrigaron y nos dieron lo que habíamos menester.
Desta isla acordó el Capitán de ir a dar cuenta a Su Majestad deste nuevo y gran descubrimiento y deste río, el cual tenemos que es Marañón, porque hay desde la boca hasta la isla de Cubagua cuatrocientas cincuenta leguas de altura, porque así lo hemos visto después que llegamos. En toda, la costa, aunque hay muchos ríos, son pequeños.
Yo, Fray Gaspar de Carvajal, el menor de los religiosos de la Orden de nuestro religioso Padre Santo Domingo, he querido tomar este poco trabajo y suceso de nuestro camino y navegación, así para decirla y notificar la verdad en todo ello; como para quitar ocasiones a muchos que quieran contar esta nuestra peregrinación, o al revés de como lo hemos pasado y visto; y es verdad en todo [lo] que yo he escrito y contado, y porque la prodigalidad engendra fastidio, así, superficial y sumariamente, he relatado lo que pasado por el Capitán Francisco de Orellana y por los hidalgos de su compañía y compañeros que salimos con él del real de Gonzalo Pizarro, hermano de Don Francisco Pizarro, Marqués y Gobernador del Perú. Sea Dios loado. Amén.
FIN
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