La leyenda de los Césares
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| La Leyenda de los españoles perdidos |
En el año 1539, el obispo de Plasencia, Gutierrez Vargas de Carvajal, habilitó una flota de cuatro navíos para que fuese a las Molucas, vía el Estrecho de Magallanes. Llegó la armada a la entrada del Estrecho el 12 de Enero de 1540 y no pudo pasar a causa de los fuertes temporales que la dispersaron.
El 22 del mismo mes, la nao capitana naufragó en la primera angostura del Estrecho, tratando de pasarlo, salvándose el comandante de la expedición, Fray Francisco de la Rivera, y la tripulación de 150 hombres. A causa de los fuertes temporales y los vientos contrarios los demás buques no pudieron prestar auxilio a los náufragos, aunque se sabia que habían quedado en tierra. El segundo buque, después de tratar en vano entrar a recogerlos, se vio arrastrado hacia el sur por los vientos y las fuertes corrientes, y quedó en una bahía al sur de la isla grande de Tierra del Fuego durante más de seis meses, dirigiéndose finalmente a España. Erró el rumbo y fue a dar al Cabo de Buena Esperanza, donde perdió cinco de sus tripulantes, y después de muchos contratiempos pudo llegar a la colonia portuguesa en la isla de Santo Thomé.
Otro de los buques logró pasar el Estrecho, sin ver a los náufragos, y llegó a Quilca, en el Perú, después de haber recalado en la costa de Arauco en la bahía del Carnero, así llamado porque los indios del lugar le proporcionaron un carnero de la tierra. Del cuarto buque no se supo más, pero se supone que naufragó en la costa de la Patagonia.
Entretanto el Generalísimo y los 150 españoles quedaron en tierra en la ribera septentrional del Estrecho. Por varios años nada se supo de esta gente, pero al iniciarse la conquista de Chile comenzaron a correr rumores de que se había salvado, estableciéndose en alguna parte de la Patagonia. Luego los rumores tomaron una forma más concreta y se decía que había llegado a las orillas de una gran laguna donde se había radicado, construyendo una población. Había tenido serios encuentros con los indios de la comarca, pero concluyeron por aliarse con ellos, casándose con mujeres indigenas.
Estas noticias se obtenían de indios nómades que recorrían las pampas y eran siempre vagas e inciertas. No obstante, eran probables y lógicas, y los primeros gobernantes de Chile organizaron varias expediciones para ir en busca de los españoles perdidos, y a la vez de tratar de descubrir lo de César. Todavía las dos tradiciones no se confundían, pero, sin embargo, raras veces se referia a la una sin hablar también de la otra, y se suponía que cualquiera expedición que encontrara a los incas encontraría también a los españoles.
Lo que vino a complicar la cuestión de los españoles perdidos en la Patagonia fue la desaparición del cuarto buque de la armada del obispo de Plasencia. No queda ninguna duda respecto del naufragio de la nave capitana en el Estrecho y el salvamento de la tripulación. Como el buque quedó varado en la misma costa y venía bien aprovisionado, porque se proyectaba la fundación de una colonia española en las Molucas, es de suponer que los náufragos tuvieron todo lo necesario para emprender una expedición en busca de mejores condiciones, sobre todo porque el buque llevaba animales de carga, asnos o mulas, y también ganado menor de cabras y ovejas, para establecer los colonos. Pero no hay la misma seguridad respecto del cuarto buque. Hay motivos para creer que éste también naufragó en la costa de la Patagonia, donde fue arrastrado por los temporales. ¿ Y su tripulación, se salvaria o no? Algunos de los rumores circulados acerca de los españoles que se establecieron en la Patagonia parecen referirse a ellos, especialmente los recogidos en el Río de la Plata y en Córdoba.
Encontramos dos corrientes distintas, una que colocaba a los náufragos cerca de la costa del Atlántico, y la otra que los situaba en la región de la cordillera austral. Sin embargo, estas noticias no eran definidas y se hablaba en general de los Césares como ya se comenzaba a llamarlos, aunque hubo divergencia de opinión respecto de la región donde se hallaban establecidos.
Poco a poco todos estos distintos rumores se fundieron en una sola tradición, perdiendose los pormenores originales y adquiriendo otros nuevos, cada vez más fabulosos.
La leyenda de los incas fue olvidada y los detalles que en un principio se atribuían a ellos fueron traspasados a los españoles perdidos, cuyos descendientes ya se llamaban los Césares.
Extraída de la obra publicada en la "Revista Chilena de Historia y Geografía"
Se han incluido vínculos a las biografías de los personajes más relevantes.
Hemos distribuido el contendido en capítulos para el acceso más rápido al tema.