La Ciudacita

Sitios Arqueológicos y Arqueoastronómicos. Pueblos Originarios de América
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A 4.200 metros de altura sobre un filo montañoso enmarcado entre el río Jaya y el río Las Pavas, en la zona central de los Nevados del Aconquija, se encuentra este asentamiento incaico. Hoy forma parte del Parque Nacional Los Alisos.

Las Ruinas de la Ciudacita poseen, tanto un valor cultural incalculable, como un misterioso enigma que va desde su origen hasta su funcionalidad. La temperatura en las noches de invierno es de -20º C mientras que en los días de verano la temperatura puede alcanzar los 30º C ; hacia el llano se pueden ver las provincias de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, hacía atrás se levanta el Morro de las Cuevas (4.900 m.s.n.m.).

Fueron relevadas por el profesor Enrique Würschmidt en el año 1949, aunque los lugareños la conocían desde siempre como "el Pueblo Viejo". Ciudacita podía albergar unas 400 personas, que se abastecerían del Valle Calchaquí utilizando la gran red de caminos que los comunicaba.

Su insólito emplazamiento, su ingeniería y el despliegue de mano de obra necesaria para tal movimiento de piedras, carga al lugar de misterio: ¿Quiénes dirigieron estas obras?, ¿Para que tamaño esfuerzo constructivo y cuando?. No se han encontrado cementerios. No hay posibilidades de sembrar la tierra y el clima es muy hostil. Tal vez fuera un centro ceremonial, un puesto de vigilancia, un observatorio astronómico, o quizás todo ello. La creencia generalizada es que se trata de una construcción Inca, la más importante al sur del Machu Picchu.

En cuanto a la flora y fauna, la yareta es el único leñoso que se encuentra en esta zona, los guanacos, cóndores y chinchillas son los únicos seres vivos del lugar.

Los vestigios de cerámica que se encuentran sobre el piso son provenientes de diferentes culturas de los Valles Calchaquíes.

Otros especialistas afirman que La Ciudacita es de origen Tiawanaku y una de las razones de esta afirmación está basada en una yareta que creció en una de las pircas. Midiendo el crecimiento anual de esta leñosa, determinaron que la antigüedad de la pirca es anterior a la presencia inca. El novelista Díaz de Fusco en su libro Kunturkanki, afirma que era un centro espiritual donde todas las tribus del norte argentino se convocaban en determinadas épocas del año para realizar ceremonias.

La leyenda cuenta que esta ciudad estaba rodeada, por una cadena de oro, la cual fue escondida para que no caiga en poder de los españoles (aunque los europeos jamás tuvieron conocimiento de La Ciudacita). Se dice que esta cadena fue depositada en la Laguna del Tesoro, donde existe una maldición para el que pretenda sacarla del fondo, ya que el custodio de la cadena es un toro de fuego que corre sobre el agua de la laguna.

Esquema del Sitio

La obra impresiona por el tamaño de la superficie y la calidad del trabajo realizado con piedras lajas de color grisáceo. Hacia el este, a través de un camino construido con piedras lajas, se accede hacia otro grupos de recintos y luego el camino continúa ascendiendo, ya hacia el oeste, en busca del Portezuelo de Los Campos Colorados que tiene casi la misma altura de las ruinas. Luego de traspasarlo, el camino desciende en dirección de Ampajango.

Las antiguas construcciones que se distribuyen en dos ámbitos separados y diferenciados. Serían el “Recinto Ceremonial o Kalasasaya” y grupo de “Los Corrales”. Ambos grupos están conectados por un camino de un kilómetro de longitud, cuyo ancho oscila entre dos y tres metros, calzado con lajas y grandes piedras.

El relevamiento hecho por el profesor Enrique Würschmidt en sus viajes de 1948, 1949 y 1950, en un trabajo aparecido en la revista Llokana. Es probable que un viajero actual, no encuentre los detalles, las pircas ni puertas que aparecen en los croquis de Würschmidt.

En 50 años los buscadores de tesoros, los huaqueros y curiosos han procedido desaprensivamente, haciendo excavaciones sin sentido y derrumbando las pircas en donde veían detalles sobresalientes. A esta irracional depredación se ha sumado la misma naturaleza el corrimiento del terreno de relleno, producido por las nevadas y lluvias, ha venido empujando como una lentísima topadora los muros del “Recinto Ceremonial”. De esta suerte tras cientos de años, una parte de las gruesas pircas de esta Kalasasaya salió de línea, quedando reducida a la mitad de su altura original.

Arqueoastronomía en La Ciudacita

El Kalasasaya o Centro Ceremonial es el de mejor factura del complejo.

Las gruesas pircas de sus seis lados, 1,25 m. del sector AB, encierran una superficie de 300 m. cuadrados. El suelo ha sido aplanado y terminado con una capa de grava fina. La pirca del sector sureste, lado DE, ha sido fuertemente apuntalada.

Tiene dos puertas de acceso, la del lado AB, sin dudas la más relevante, mide 1,15 metros de ancho, con cuatros escalones descendentes al recinto y otra en el lado AF.

Desde el coronamiento del promontorio se despliega toda la llanura tucumana desde el Nuñorco Grande (3500 m.), hasta el Pucara al sur del Valle de las Estancias, pasando por el espejo de las aguas del dique Frontal de Termas de río Hondo.

En el sector angular de 52° que delimitan las direcciones de las salidas del sol en los solsticios de invierno y verano, para la latitud = 27° 10' de la Ciudacita, no hay ningún obstáculo para la salida del sol entre esas dos fechas. Por otro lado y si no fuera por la bruma, el radio visual, desde el coronamiento del promontorio, teniendo en cuenta la depresión del horizonte por la curvatura de la Tierra, es de 240 km valor no corregido por la refracción atmosférica.

La piedra equinoccial de "Los Corrales"

Se trata de una gran piedra cuya forma puede aproximarse a la de un prisma triangular asentado sobre su base cuadrangular, de tal manera que la arista superior corresponde en promedio a la dirección este-oeste. Esta piedra esta ubicada en una plazoleta abierta en forma triangular, definida por piedras grandes, enterradas, que cumplen también la función de conservar la planicie en el terreno.

Para realzar el papel asignado a esta piedra, los constructores de “Los Corrales” fabricaron una plataforma circular de 6 m. de diámetro a su alrededor, sobreelevada unos 40 cm sobre el nivel de la plazoleta. El perímetro ha sido definido con piedras calzadas y se ha rellenado su interior con grava fina.

Esta descripción corresponde a su estado en los años 1949 y 1950. En la actualidad los depredadores se ensañaron con esta plazoleta y han removido con barretas todas las piedras que pudieron. La piedra equinoccial no pudo ser desplazada de su lugar gracias a su gran tamaño.

También en este sitio se procedió a la determinación del meridiano. Una búsqueda paciente, durante tres equinoccios, permitió definir el papel de esta piedra, que serviría de gnomon, para señalar la salida del sol en estas fechas. El puesto de observación resulto ser una pequeña pirca circular ubicada unos 6 m. por encima del nivel de la plazoleta, desde este sitio la piedra equinoccial resulta alineada con otra piedra del sector anguloso del perímetro de la plazoleta. La dirección corresponde a la salida del sol en los equinoccios.

Es posible que haya habido un puesto de observación más importante ubicado dentro de la habitación señalada con H en el esquema, situada al mismo nivel que la plazoleta. En este caso la observación del sol naciente se hace unos minutos mas tarde que en la pirquita superior. La proyección de la sombra de la piedra equinoccial sobre la pared este del pircado apuntala esta hipótesis.

Los dos grupos del complejo de la Ciudacita, fueron “observatorios” astronómicos solares, además de “huacas” o centros religiosos donde se celebraban ritos propiciatorios y/o reverenciales.

Según la Académica de la Historia, profesora Teresa Piossek, quien integro la expedición de reconocimiento de 1984, “además de observatorio y centro astronómico y ceremonial, la Ciudacita era un centro privilegiado de observación de movimientos que en la llanura tucumana pudieran hacer las tribus nómadas y depredadoras de origen amazónico, los Lules entre ellos”. “Los Incas que tenían obsesión con estas gentes primitivas y saqueadoras construyeron fortalezas o puestos de vigilancia a lo largo de la frontera este del imperio”. “Quizás una de las funciones de la Ciudacita fue esta; la extraordinaria amplitud de la vista que desde allí se tiene hacia la llanura avala mi opinión”.