Machu Picchu: Templo de la Luna

Sitios Arqueológicos y Arqueoastronómicos. Pueblos Originarios de América
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En la ladera norte del Huayna Picchu, dándole la espalda a la ciudadela de Machu Picchu hay un conjunto de cavernas que sirvieron a los incas para construir un monumento espectacular. Están asentadas en los riscos, virtualmente sobre el río Urubamba, que corre en el cañón que rodea el cerro al cambiar su curso sur-norte en dirección contraria para formar una suerte de gran voluta.

Varias de ellas están interconectadas, algunas han sido forradas con bloques de fina cantería tallados para encajar con precisión con los contornos irregulares de las grandes afloramientos rocosos que les sirven de techo. Los muros, de carácter claramente ornamental, incluyen falsas portadas y nichos trapezoides de doble y triple jamba.

A las más notables se les conoce como el "Templo de la Luna". En realidad este nombre es arbitrario, Hiram Bingham la había llamado “La gran caverna". Las formas y ubicación de las cavernas le otorgan una función ceremonial.

Está compuesto por un recinto de planta rectangular adosado a una gran roca, que muestra tres puertas de 1,60 metros de alto cada una, además de una lateral. En el interior de la paredes se encuentran seis nichos trapezoidales. El “Templo” propiamente dicho está constituido por una gran plataforma por debajo de una roca, levantada a casi 5 metros, y una entrada de 8 metros de altura. Hacia la izquierda se divisan cinco nichos trapezoidales de doble jamba, uno de los más delicados trabajos de cantería que se pueden encontrar en Machu Picchu.

En las excavaciones realizadas por el equipo de Bingham, en las laderas norte y este del cerro, se hallaron alrededor de cinco cuevas que presuntamente fueron ocupadas para guardar cadáveres momificados. En las que están asociadas al Templo de la Luna (más bien grietas) no se registraron evidencias arqueológicas.