Idioma Abipon
Noticias de los indios abipones según Barcena, Techo, Lozano, etc. Desde la conquista hasta nuestros días
Los Abipones según el padre Dobrizhoffer
Capítulo X
De como se afea el Abipon al querer engalanarse (Tomo II, capítulo IV)
El Abipon ni bien adolece ya empieza á deformarse convirtiéndose en verdadero espanto.
En primer lugar está el tatuaje con sus dibujos, unos de éstos propios del hombre, otros de la mujer. Con una espina aguda se punzan las carnes y con unas friegas de negro de carbón se hace indeleble el dibujo. Son especiales de los Abipones y por ellas se distinguen de las demás naciones las siguientes marcas ó señales. En media frente una (+) cruz y más abajo, en la raíz de la nariz, y entrecejo, un jaquelado de cuatro rayas. De cada ojo hacia las orejas parten otras dos rayas paralelas ==.
Ni los Abipones mismos saben lo que significan estos signos, ni menos el Padre Dobrizhoffer, al decir del mismo; pero se deduce que sean como amuletos que sirvan para preservar al que los carga. La cruz, las dos rayas y los jaqueles se repiten ad nauseam en la alfarería, etc., de la región Catamarcana,y en el Museo de La Plata, está una tinaja mortuoria con la + colocada como en la cara de los Abipones. Estos llaman á la cruz Likinr'ánala, lo que prueba que no es necesariamente de origen cristiano entre ellos.
Y no es sólo en los rostros que los Abipones cargan la cruz. Cruces negras sobre fondo bermejo son frecuentes en el tejido de sus trajes. Y acaba el misionero: «A qué fin empero los Abipones imprimían la figura de la cruz en sus caras y en sus vestidos confieso que no sé rotundamente».
Andando el tiempo allá lo veremos, y tal vez algo nos cuente al respecto el conde Goblet d'Alviella cuando suplemente su La migration des Symboles con ejemplos americanos como estos de los Abipones.
En fin las mujeres son tan ávidas de este pintar de sus cuerpos á punta de aguijón que rostros, pechos y brazos parecen más bien un entapizado de esos abigarrados que llaman de Turquía. Ni bien llegan á la edad de poderse casar tienen todas que someterse á este sangriento rito. Una vieja le coge la cabeza á la mozuela en sus faldas y empieza el tormento, un aguijón por pincel, carbón mezclado con sangre, la tinta. La que pinta hinca, y con ganas como vieja en moza. Y si la víctima se queja llueven los denuestos y las burlas para acabar con la amenaza que sin este afeite solterona tiene de quedar. Y el tormento no es de un di a sino de muchos: mientras dura vive encerrada, y se abstiene de ciertas comidas como ser carne, pescado, etc., y sólo se alimenta con ciertas frutas que llaman Kakié, Reayanu y Nanapr'ahete. Con la irritación de las punzadas ó el veneno de las espinas se les pone la cara como monstruo. Pero era la costumbre y pasaban por todo. Cuanto mas la nobleza de la moza, mayor el número de figuras. Por fin los misioneros consiguieron abolir esta abominable costumbre entre las tribus reducidas.