Viaje al Río de la Plata. Ulrico Schmidl
| Capítulo 36. Llegan a los "Scheruess" y son bien recibidos por ellos |
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Ítem más los hombres tienen en el labio una piedra ancha de cristal azul muy parecida a una dama. Ítem más se pintan el cuerpo de azul desde arriba hasta las rodillas, y la cosa se parece a algo como calzas pintadas.
Pero las mujeres se embijan de otra manera, también de azul desde los pechos hasta las vergüenzas, tan artísticamente, que así no más, fuera de allí, no se hallaría un pintor que lo imitase; ellas andan como las echó al mundo la madre, y son hermosas a su manera, y muy bien que saben pecar estando a obscuras.
Con estos scherues (xarayes) nos quedamos un día y navegamos desde allí hasta llegar en 3 días a lo de un rey, que está a 14 millas (leguas) de allá [su gente]. Se llaman también scherues (xarayes), pero su tierra no tiene más que 4 millas (leguas) de camino de ancho; también tiene él un pueblo situado a orillas del agua Paraboe. Allí dejamos nuestro navío con 12 españoles, que lo cuiden, para que cuando llegásemos nos sirviese de amparo; les encargamos también a estos scherues (xarayes) en el propio pueblo, que tenían que portarse como buenos amigos con los cristianos, como que también así lo hicieron.
Así pues nos quedamos 2 días enteros en el pueblo y nos aprestamos para el viaje y nos tomamos cuanto nos hacía falta; después cruzamos el agua Paraboe y llegamos a lo del rey, allá donde vive en persona. Y allí cuando llegamos nosotros como a una milla (legua) de distancia, entonces nos salió al encuentro el rey de los scherues (xarayes) con 12.000 hombres y tal vez más, en una pampa y en son de paz. El camino por donde andaban ellos era de 8 pasos de ancho; el tal camino estaba entapizado con puras flores y pasto hasta el pueblo, así que no se podía dar con una piedra, palo o paja alguna; también el rey se traía su música consigo, tal y como el caramillo entre nosotros; también había mandado el rey que para esta ocasión se corriesen venados y otras salvajinas, a uno y otro lado del camino; así por suerte ellos habían cogido 30 venados y 20 abestraussen (avestruces, o nandu); y era cosa de alegrarse de ver.
Y cuando nosotros hubimos ya llegado a su pueblo, hizo el rey que cada 2 cristianos entrasen en una casa, y que nuestro capitán junto con su servidumbre pasase a la casa real; después de esto el rey de los scherues encargó a sus súbditos, que nos diesen lo que nos hacía falta. También el rey reunió su corte a su manera como el más poderoso señor de la tierra; hay que hacerle música a la mesa cuantas veces se le antoja; entonces los hombres y las mujeres más hermosas tienen por obligación que bailarle; el tal baile de ellos es cosa de verse como maravilla, en especial para nosotros los cristianos, de suerte que uno tiene que olvidarse hasta de su boca.
Esta gente se parece a los scherues (xarayes), de los que se dijo ya más atrás. Sus mujeres hacen unas mantas grandes de algodón, tan sutiles como tela deArlas (Arles), en las que ellas después, bordan varias figuras, como ser venados, avestruces, ovejas de Indias (llamas o guanacos), o lo que sea que se puede. En las tales mantas duermen cuando hace frío, o se sientan sobre ellas, según la necesidad o el antojo del momento. Estas mujeres son muy hermosas y grandes enamoradas; muy corrientes y de naturaleza muy ardiente a mi modo de ver.
Allí nos demoramos unos 4 días, y en ese tiempo el rey preguntó a nuestro capitán cual era nuestro deseo e intención, y hacia donde queríamos marchar. A esto contestó nuestro capitán que él buscaba oro y plata. También le dio el rey una corona de oro que pesaba casi un marco y medio, ítem una plenschen(plancha)de oro, que alcanzaba a jeme y medio de largo y a medio jeme de ancho; también un prusseleh (brazalete) esto es, un medio harnischs (arnés) y otras cosas más de plata, y dijo después a nuestro capitán, que él ya no tenía más oro ni plata y que estas susodichas piezas las había tomado de los amossenes (amazones) en la guerra en tiempos atrás. Y entonces él se hizo oír acerca de los amossenes (amazones) y nos dio a entender cuán grande era su riqueza, así que nos alegramos mucho; y luego al punto preguntó nuestro capitán al rey si podríamos nosotros llegar allí por agua con nuestros navíos y qué distancia habría hasta los dichos amossenes (amazones). A lo que contestó el rey, que no podríamos nosotros llegar allí por agua, sino que tendríamos que marchar por tierra y habría que andar 2 meses de tiempo uno enseguida de otro. Así resolvimos nosotros caminar a los dichos amossenes (amazones), corno se pasará a contar.
Fuente:
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