Viaje al Río de la Plata. Ulrico Schmidl
| Capítulo 54. Llegada a Lisboa y Sevilla. Pasa a Cádiz. Escapada de un naufragio |
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De allí navegamos a Lisebonna (Lisboa) a los 14 días, año 1553, anno domini, setiembre 30; el día de Sannt Jerónimo arribamos allí y nos quedamos 14 días largos en la ciudad de Lisebonna. Allí se me murieron 2 indios que traía yo conmigo de la tierra (el Paraguay). De allí viajé per postam (por la posta) a Sevilla en 6 días -son 72 millas (leguas)-; y me quedé unas 4 semanas largas hasta que estuviesen listos los navíos; después salí de Sevilla por agua y llegué en 2 días a la ciudad deS. Lucas (San Lúcar de Barrameda) donde me quedé hasta el otro día. De allí viajé yo un día de camino por tierra y llegué a una ciudad llamada Portta S. Marie(Puerto de Santa María), de donde anduve 8 millas (leguas) de camino por agua y llegué a la ciudad Calles (Cádiz), allí a la sazón estaban los navíos holandeses, que debían partir para los Países Bajos; los mismos que eran unos 25, todos navíos grandes, que se llaman hulckhenn (urcas).
Entre estos 25 navíos había uno nuevo, grande y muy lindo, que sólo había hecho un viaje de Andorff (Amberes) a Hispaniam; así pues me aconsejaron los comerciantes que debía yo embarcarme en este navío nuevo; y el patrón se llamaba Heinrich Ses; era un hombre honorable y capaz, con él traté yo y arreglé mi pasaje, también la comida y las demás cosas que faltaban para este viaje, por todo esto cerré yo trato con él. Esa misma noche acabé yo de aprestarme de todo, e hice llevar mi botín, vino, pan y cosas por el estilo, también los papagayos que había yo traído de India (Indias), todo al navío; y por último convine con el patrón que para complacerme me haría anunciar la hora de partir, lo que el patrón me prometió, y que no se iría sin mí, sino que con toda seguridad me haría avisar. Ahora sucedió que el dicho patrón esa misma noche tomó algo de más, así que (por suerte mía) se olvidó y me dejó en la posada, sucedió que 2 horas antes de amanecer, el timonel, que era quien manejaba el navío, hizo que se levase el ancla, y allí se hizo a la vela. Y cuando yo de mañana fui a buscar el navío, ya estaba este una milla (legua) larga de camino distante de tierra; en seguida tuve que buscarme otro navío y cerrar trato con otro capitán, al que tuve que darle lo mismo que al anterior; así partimos al punto de allí con los otros 24 navíos y tuvimos viento favorable los primeros 3 días, mas después nos vino un viento fuerte y contrario, de suerte que no podíamos seguir navegando; estuvimos, pues, 5 días largos siempre en gran peligro esperando bonanza; pero cuanto más nos demorábamos más brava se ponía la mar, hasta que ya no nos fue posible esperar más mar afuera, sino que tuvimos que regresar para atrás por el camino que habíamos traído.
Ahora es costumbre en práctica de la mar, que los marineros y patrones hagan un capitán general entre ellos, que en español se llama almerando (almirante); este manda a todos los navíos, y lo que él quiere eso se ha de hacer, eso se ha de cumplir, en alta mar; y ellos, los marineros y patrones, tienen que jurarle que ninguno de ellos se ha de querer separar de los demás; porque la Cesárea Majestad había ordenado y mandado que menos de 20 navíos no deberían emprender viaje de España a los Países Bajos, por causa del Rey de Francia, mientras duraba la guerra entre ellos. Fuera de esta hay otra costumbre más en alta mar, que un navío no ha de navegar a más de una milla (legua) de distancia del otro, y cuando se pone o entra el sol, también los navíos tienen de juntarse y los patrones han de saludar almiranndo (almirante) con 3 ó 4 tiros, y todos los días 2 veces; también por la otra parte el miranndi (almirante) ha de colgar del navío suyo 2 linternas hechas de hierro, que se llaman farall (faroles) [y] las ha de dejar prendidas toda la noche, así los demás han de seguir al navío, en que está la luz, y no se han de separar por nada.
Ítem más el mirando (almirante) les avisa cada noche a los navegantes el rumbo que piensa tomar, porque si llega el caso de sobrevenir un temporal en alta mar puedan ellos saber el rumbo o viento que ha seguido [el] mirannd (almirante), y así no se aparten los unos de los otros.
Y eso que tuvimos que regresar y volvernos atrás, como se dijo, allí estaba el navío del susodicho Ha[i]nrich Schezen, en que tenía yo todo mi botín, el mismo me había dejado en Calless (Cádiz), el postrero de los demás navíos, y cuando ya nos aproximamos como a una milla (legua) de camino de la ciudad de Calless (Cádiz) allí se nos hizo obscuro y anocheció; así que el almirandos (almirante) tuvo que mostrar un farol, mediante el cual se le arrimasen los navíos. Y cuando ya hubimos llegado a la ciudad Calless (Cádiz), cada patrón largó su ancla al agua y el mirando (almirante) también retiró su farol. Mientras esto se hizo una lumbre en tierra sin dañada intención, mas le fue funesta para la suerte de Hainrich Schezen y su navío; ahora la lumbre procedía de cerca de un molino, como a un tiro de arcabuz de la ciudad de Calless (Cádiz), y así el antedicho Hainrich Schez se encaminó derecho a ella, porque se le puso que era el farol del miranndo (almirante), y cuando él con su navío estaban ya muy cerca de la luz, dio con toda fuerza sobre un peñasco, que estaba allí dentro del agua, y su navío se hizo cien mil pedazos y se fueron a pique gente y carga, en menos de un medio cuarto de hora, y no quedó un palo sobre otro; también de 22 almas solo se salvaron el patrón y el timonel, que escaparon sobre un madero grueso; también se perdieron 6 baúles con oro y plata perteneciente a la Cesárea Majestad y gran cantidad de mercancía más de propiedad de los comerciantes. Por lo cual doy yo a Dios mi Redentor y Salvador por Cristo Jesús alabanzas, honor, loas y gracias por 7, siempre, porque esta vez más tan misericordiosamente me dirigió, defendió y amparó por cuanto yo en la primera vez no alcancé el navío.
Fuente:
http://www.cervantesvirtual.com