Viaje al Río de la Plata. Ulrico Schmidl
| Capítulo 37. Buscan a los amosenes y pasan por los Syeberis y Ortueses |
Las mujeres de estos amossenes no tienen más que un pecho y sólo se juntan con sus maridos 3 ó 4 veces en el año, y si de este contacto con el marido quedan preñadas de varón, se lo mandan ellas a que se esté con el marido; mas si resulta mujer, la conservan a su lado y ellas no más le queman el pecho derecho, para que no pueda criarse más. Pero la razón es esta, para hacerse diestras y poder manejar sus armas, los arcos; porque son mujeres de pelea y hacen guerra contra sus enemigos.
También estas mujeres viven en una isla que está rodeada de agua a la vuelta y es una isla grande; si se quiere llegar allá hay que ir en cannaen (canoas); pero en esta isla los amossenes (amazones) no tienen ni oro ni [plata], sino en Terra ferma (tierra firme), esto es, tierra adentro, allí donde viven los maridos, ellos son los que tienen grandes riquezas. Es una nación grande y [un] rey poderoso, que parece llamarse Jegiuss como también lo demuestra el lugar.
Ahora nuestro capitán Ernando Rieffiro (Ribera) pidió al dicho rey de los scherueses (xarayes) que nos facilitase algunos hombres de su gente, porque él quería marchar tierra adentro y buscar a los susodichos amossenes (amazones), para que así los scherues (xarayes) cargasen nuestro botín y nos mostrasen el camino; de su parte el rey se hallaba dispuesto, mas demostró a las claras, que la tierra en este tiempo estaba anegada y que no era bueno por ahora viajar tierra adentro; mas nosotros no quisimos creer, sino que le exigimos los indios, así pues él le dio a nuestro capitán para su persona 20 hombres, que debían cargarle el botín y los víveres, y a cada uno de nosotros 5 indios para que nos sirviesen y cargasen lo que hacía falta, porque teníamos que caminar 8 días en que no encontraríamos más indios.
Así llegamos a una nación llamada de los syeberiss (paresis?); se parecen a los scherues (xarayes) en la lengua y en otras cosas. Estos 8 días caminamos nosotros siempre y siempre en el agua hasta la cintura y la rodilla, día y noche, así que de allí no podíamos ni sabíamos como salir. Si se nos ofrecía hacer fuego, teníamos que amontonar trozos grandes unos sobre otros y hacer el fuego encima; y aconteció muchas veces, que la olla en que teníamos la comida junto con el fuego se caían al agua y nos quedábamos por lo tanto sin comer; tampoco teníamos descanso, ni de día ni de noche, a causa de las pequeñas moscas (mosquitos), que no nos dejaban dormir.
Así preguntamos nosotros a los syeberís si aun nos quedaba agua más adelante; dijeron ellos, que teníamos que andar aun 4 días enteros por el agua y de ahí todavía más de 5 por tierra, y que así llegaríamos a una nación llamada ortthuessen (urtueses); y nos dieron también a entender que éramos nosotros muy pocos, y que convenía nos volviésemos. Mas nosotros no quisimos hacer tal cosa por considerar a los scherues (sarayes), antes bien estuvimos por despachar de vuelta a sus casas y su pueblo a los scherues (xarayes) que nos acompañaban, mas ellos, los dichos scherues se negaron a hacerlo, porque su rey les había encargado, que no nos dejasen sino que nos sirviesen mientras no regresásemos nosotros otra vez de tierra adentro. Así pues los dichos syeberís nos dieron 10 hombres para que junto con los scherues (xarayes) nos mostrasen el camino a los ortheuesen (urtueses). Así marchamos nosotros 7 días más por el agua que nos daba a la cintura o a la rodilla. La tal agua estaba tan caldeada como si hubiese estado al fuego; esta agua también teníamos que beber, visto que con otra no contábamos. Pero era cosa como para creer que se trataba de un agua corriente, lo que no era así, sino que por aquel tiempo mismo había llovido tanto que la tierra estaba llena de agua, porque la tierra es una planicie llana; con el tiempo quedamos bien escarmentados de la tal agua, corno oiréis más tarde.
Después de esto el día 9 entre 10 y 11 del día llegamos al pueblo de los orttheueser (urtueses), y eso que fueron ya las 12 recién llegamos a la plaza en el pueblo, allí donde estaba la casa del principal de los ortteuesen.
Pero casualmente por ese tiempo había una peste grande entre los ortthuessen, de pura hambre, porque no tenían qué comer; a causa de que los duckhuss (tucus)o langosta por segunda vez y casi por completo les había comido y destruido el maíz y el fruto de los árboles. Cuando nosotros los cristianos tal cosa comprendimos y vimos nos alarmamos mucho y nos convencimos que no podíamos quedar mucho tiempo en la tierra, porque nosotros tampoco teníamos mucho de comer. Así pues nuestro capitán le averiguó al principal de ellos acerca de los amosenes (amazones), y él le contó, que necesitábamos un mes entero hasta llegar a los amossenes (amazones), y más aun, que toda la tierra estaba llena de agua, como que al fin y al cabo así se dejaba ver.
Aquí fue que el principal de los ortheueses dio a nuestro capitán 4 plenschen (planchas) de oro y 4 argollas de plata, que se ponen en los brazos; pero las plenschen (planchas) las usan los indios en la frente como adorno, así como en esta tierra (Alemania) los grandes señores usan ricas cadenas en los cuellos. En cambio de estas cosas nuestro capitán dio a este indio principal hacha, cuchillo, rosario, tijera y otras baratijas más, de las que se fabrican en Niremberga; de buena gana les hubiésemos sacado más cosas, pero no nos atrevimos, porque nosotros los cristianos éramos muy pocos, y por lo mismo había que desconfiar; los indios eran muchos, al grado que yo jamás en todas las indias he visto pueblo más grande ni más gente junta, y eso que he andado la ceca y la meca. Esta peste de los indios, por lo que tantos morían de hambre, fue, a no dudarlo, nuestra salvación, porque de lo contrario lo probable es que los cristianos no hubiesen salido de allí con vida.
Fuente:
http://www.cervantesvirtual.com