Viaje al Río de la Plata. Ulrico Schmidl
| Capítulo 49. De la tierra de los marchkhaysíes. Regreso al Río de la Plata. Alzamiento de Diego de Abreu |
De tal modo se había manejado y tanto había hecho nuestro capitán allí con la gente, que en razón de víveres ya no podíamos permanecer más entre los marchkhaysíes; porque los víveres que teníamos no alcanzaban para un mes; mas si nosotros hubiésemos sabido, que se nos iba a proveer o nombrar un [nuevo] gubernator, no nos hubiésemos movido de allí, hubiésemos hallado harta comida y remedi (remedio) (a la cosa); pero en el mundo todo es picardía. Después marchamos nosotros de regreso a los harchkokoes (corocotoquis). Debía yo haberos contado también, a saber, que los dichos machkaysis tienen una tierra tan fértil que no se había visto otra igual hasta entonces; por ejemplo, cuando un indio sale al monte o selva, y en el primer árbol que allí encuentra abre un agujero con el hacha, de él saltan unas 5 ó 6 medidas de miel tan pura como almíbar; las tales abejas son muy pequeñas y no pican. La tal miel, que [es] de la buena, se puede comer con pan o con cualquier otra comida, se hace también de ella buen vino, como en esta tierra (Baviera) hidromiel; [es] aun mejor y más sabrosa al paladar.
Cuando después de esto llegamos nosotros a los antedichos worckhobosíes, todos ellos con mujeres e hijos habían huido de allí y se ponían a buen recaudo de miedo de nosotros; pero mejor les hubiese estado quedarse en su pueblo; porque al punto les envió nuestro capitán otros indios y les hizo decir que debían volver a sus pueblos y que se dejasen de tenernos miedo, que no se les irrogaría perjuicio alguno; mas ellos no quisieron hacer caso de ello sino que por contestación nos mandaron que despejásemos el pueblo, porque de no, nos arrojarían de allí a la fuerza.
Después que nosotros nos hicimos cargo de la tal cosa, nos dispusimos a toda prisa y marchamos contra ellos, no obstante que entre nosotros la gente de pelea había algunos cuyo parecer y deseo era que se mandase al capitán y se le hiciese decir, que no debía marchar contra aquellos, porque ello podría ser causa de una gran hambruna en la tierra, de suerte que si se ofreciere pasar del Perú al Río delle Plata, no encontrarían allí nada de comer; mas nuestro capitán y la comunitett (comunidad) no quisieron entrar por ello, sino que siguieron el antedicho propósito y marcharon contra los dichos wockhhobosíes (Corocotoquis), y cuando ya estábamos nosotros como a 1/2 milla (legua) de camino de ellos ya habían sentado sus reales al abrigo de 2 cerros y bosques a los 2 costados, porque, llegado el caso de que nosotros los venciésemos, pudiesen ellos escaparse de nosotros con más facilidad. Pero la cuenta les salió mal parada: aquellos que nosotros alcanzamos tuvieron que quedar allí o ser nuestros esclavos; así que en la tal escaramuza nos ganamos hasta unos 1.000, sin contar los que matamos hombres, mujeres y niños.
Después de estos nos quedamos 2 meses largos en este pueblo que era tan grande como serían cualesquiera 5 ó 6 de los otros. Así, pues, marchamos adelante hasta el pueblo donde habíamos dejado los 2 antedichos navíos de que se trató antes y estuvimos en el viaje año y medio, en que nosotros no hicimos más que guerrear con los demás, y en este viaje nos hicimos de hombres, mujeres y niños hasta el número de 12.000 personas obligados a ser nuestros esclavos; también me tocaron por mi parte unas 50 personas entre hombres, mujeres y niños.
Y eso que nosotros llegamos a las naos nos avisó la gente que habíamos dejado en estos navíos bergentin (bergantines) de como, en nuestra ausencia, un capitán llamado Diego Abriegenn (Diego de Abrego) natural de Sievilla en Hispania, por propia cuenta, y un capitán con el nombre de thonn Fran. Manthossa (don Francisco de Mendoza), que nuestro capitán general Domenigo Marthin Eyolla (Irala) había nombrado para capitán de los 2 navíos y de la gente misma, habían armado un gran alboroto entre ellos, pretendiendo éste que él y no otro debería mandar y gobernar en la ciudad, durante la ausencia, mientras que el dicho Diego de Abriego (Diego de Abreu o Abrego) quería mandar sólo; mas thonn Francisco Manthossa, como capitán delegado y lugarteniente de Marthín Domenigo Eyolla (Irala), no quería consentírselo. A todo esto se armó una merienda de negros entre ellos, hasta que por fin Tiego de Abriego quedó dueño del campo, y derrotó y le cortó la cabeza a thonn Fran Manthossa.
Fuente:
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