Viaje al país de los Tehuelches

Textos y Documentos
Portada Pueblos Originarios Secciones Pueblos Originarios Facebook Pueblos Originarios Twitter Pueblos Originarios

plusLa Patagonia Austral
Ramón Lista, 1879

5. La isla Pavón - Santa Cruz

Nuestra llegada a la isla Pavón fue festejada con grandes demostraciones de alegría.

Dos compatriotas que hace algunos años residen en ella, el subteniente Moyano y don Pedro Dufour, nos brindaron la más generosa hospitalidad.

Isla Pavón

Isla Pavón

La isla está situada al sur del brazo principal del río Santa Cruz, y debe su nombre al teniente coronel don Luis Piedrabuena, valiente marino que ha prestado muchos servicios a su país y a la humanidad.

Hay en ella una casa muy confortable para aquellos parajes; y dos pieza más, separadas de aquélla por un centenar de pies, donde se guardan los víveres.

El casucho es bajo, edificado en barro y está rodeado de una palizada que forma por la parte del este un pequeño corral donde se recogen en la noche algunas ovejas y hermosas cabras de Angora, que proporcionan a su moradores abundante leche y rica manteca.

La isla no es sino un antiguo banco de arena que se ha ido elevando con los detritus que arrastra el río. Su vegetación es muy rica, habiendo observado 10 especies de plantas indígenas y otras europeas como el Triticum vulgare el trigo, que se había cultivado en otro tiempo.

No hay árboles en ella, ni creo que resistieran a los silbantes vientos de la cordillera, que encrespan incesantemente las correntosas aguas del río.

Como paisaje, la isla Pavón es bastante triste, y la primera vez que la divisé a lo lejos, perdida entre la luz azulada de la tarde, sentí una impresión de pesadumbre.

Los habitantes de ese pedazo de tierra, tan apartado de la civilización, viven entregados a los placeres de la caza y la lectura.

El subteniente Moyano me decía con frecuencia: "Esta vida tiene encantos que no conocéis en Buenos Aires; en este islote se goza de la paz del alma".

Nuestros compatriotas emplean el verano en frecuentes excursiones a los campamentos tehuelches, pero al llegar el invierno se encierran en la casa, o sólo se alejan de ella para ir a matar algunos guanacos o avestruces que sirvan de alimento a los numerosos perros que hay en la isla. Pero la caza escasea y falta muchas veces, y, entonces, los famélicos perros se introducen en las piezas donde se guardan los víveres y devoran cuanto encuentran al alcance de sus dientes.

La isla Pavón es el paradero obligado de los indios y cristianos que cruzan el río, pues como éste no es vadeable en ningún punto se ven forzados a cruzarlo en los botes que hay en ella.

El río Santa Cruz es muy caudaloso y su anchura varía entre 200 y 400 metros. Corre en un valle bastante ancho, que se prolonga en línea recta hacia el oeste, limitado por altas escarpaduras de un aspecto sumamente triste. Fue descubierto por Serrano, uno de los compañeros del célebre Magallanes, y ha sido explorado por los ingleses y chilenos; pero pertenece a los argentinos la gloria de haberlo remontado en toda su extensión.

En 1834 lo remontaron los oficiales del Beagle en una extensión de 140 millas, mas después de 21 días de penoso trabajo tuvieron que regresar por la falta de víveres.

Los chilenos que trataron de ascender el río, hace pocos años, con una lancha de vapor, sólo recorrieron una pequeña parte.

Más afortunados fueron nuestros compatriotas el subteniente don Valentín Felberg y el naturalista don Francisco P. Moreno.

El primero remontó el río hasta la boca de un lago que supuso fuera el descubierto por don Antonio de Viedma, pero tuvo que regresar desde ese punto por los malos tiempos que asaltaron su frágil embarcación.

Moreno penetró en él en febrero de 1877, y descubrió dos lagos más que bautizó con los nombres de Lago Argentino y San Martín1.

He aquí algunos párrafos de un informe del señor Moreno referentes. ese importante descubrimiento:

Al señor ministro de Relaciones Exteriores.

Señor Ministro:

[...]

Continuamos el mismo rumbo hasta encontrar nuevamente el Chaliá (Shehuen) que se internaba al S.O. y cruzándolo seguimos al N.OO hasta llegar a una hilera de pequeñas lagunas rodeadas de excelentes campos, la mayor de ellas de 5 a 6 millas de largo, y denominada por los indios Far o Sucia por el color de sus aguas. Más al oeste llegamos a un lago desconocido hasta entonces.

De menor tamaño y de forma general, distinta del que surte el río Santa Cruz, no es menos importante. Se halla rodeado de montañas elevadas de 3 a 5.000 pies en su mayor parte eruptivas, con sus cumbres cubiertas de nieve y abundantes bosques en sus laderas; parece formar parte de un lago de mayor tamaño, a juzgar por los informes de los indios, quienes, desde un cerro elevado, han visto una "agua más grande" al oeste.

Aunque debe darse poco crédito a lo que dicen los indios, creo que el gran lago existe, pues vimos hacia esa dirección un gran canal que separa dos cordones de sierras, detrás de las cuales alcanzamos a distinguir un gran bajo al pie de las cordilleras.

Ese canal conduce al lago visitado; témpanos de hielo, y uno de ellos, dividido en grandes fragmentos, había varado en la costa a inmediaciones de nuestro campamento.

La latitud observada allí fue 49° 12' sur, siendo completamente desconocido de los viajeros que han visitado hasta ahora la Patagonia, y, no teniendo nombre indígena que lo distinga, le he dado el nombre de Lago San Martín, como humilde tributo a la memoria del ilustre general argentino.

El lago Viedma es el de mayor dimensión de los que he visitado en la Patagonia. Se extiende hasta el pie de las cordilleras, donde los alimentan los ventisqueros y su mayor largo es al O-N-O, formando el paisaje del fondo el magnífico volcán Chaltel, aún en actividad.

En un instante en que un claro de las nubes permitió distinguir el atrevido cono, pude ver una ligera columna de humo que salía del cráter.

Después, desde otros parajes, he visto en el horizonte en la dirección en que se encuentran grandes humaredas y lo indios me han dicho que era el Chaltel. Según ellos arroja sólo humo y cenizas. Recorrimos la orilla este y parte de la del sur del lago Viedma hasta encontrar cortado el paso por un río ancho de 200 metros por donde se comunican los dos lagos. En el punto donde principia el lago Viedma la latitud observada era 49° 48' sur, y su desagüe en el que forma el Santa Cruz, 50° 11 sur. Es el río que Viedma creyó que fuera el Santa Cruz, ignorando la existencia de otro lago al sur; lo he nombrado Río Leona en recuerdo de un ataque que sufrí por uno de esos animales, en sus inmediaciones, mientras sin hombres iba a tomar algunas direcciones para el croquis. Felizmente las heridas fueron leves.

Desde ese punto regresamos al sitio en que había quedado el bote.

Pocos días después crucé el río Santa Cruz y, dejando allí la embarcación y la gente, continué, acompañado del señor Moyano y un hombre, hacia el oeste para examinar el extremo del lago; llegamos a caballo hasta donde el bosque lo permitió, y seguimos a pie dejando al hombre el cuidado de los caballos. El camino era en extremo penoso por los árboles y el mal piso, lo que nos obligaba a detenernos a cada momento. Los pequeños torrentes eran tan numerosos que allí cruzamos 18. Faldeamos una montaña a cuyo pie corre un ancho canal que comunica con un lago más pequeño situado algo más al sur, pero que pueden considerarse los dos, como uno solo.

Donde el cerro era completamente a pique, lo que imposibilitaba la continuación adelante, dejé un documento atestiguando la nacionalidad de los que habían llegado allí, y la bandera nacional al lado de una gran piedra errática llevada por los hielos de los ventisqueros vecinos. El Lago Argentino, nombre que le he dado por pertenecer a la República Argentina todos los que han penetrado en él, y constatado ser distinto del lago Viedma, lo surcaban en la época de nuestra visita algunas inmensas islas de hielo flotante.

El río Santa Cruz es navegable para vapores de poco calado y de gran fuerza, y como las mareas alcanzan hasta 45 millas tierra adentro, la navegación es fácil hasta ese punto para las embarcaciones de vela.

La profundidad del río en marea baja varía entre 20 y 70 pies, pero hay en él numerosos bancos de arena y cantos rodados que hacen peligrosa navegación. Esos bancos ofrecen, sin embargo, cómodos y fáciles varaderos, que ya han sido aprovechados por algunos buques, entre los que citaré la barca inglesa Britannia que fue a Santa Cruz y reparó sus fondos en pocos días.

El valle escalonado de este importante río pertenece a la formación terciaria superior o Patagónica, así llamada por el célebre naturalista francés D'Orbigny.

La superficie del suelo está formada por una capa de arena gruesa mezclada con cantos rodados.

Debajo de esa capa, cuyo espesor es muy variable se encuentra una tierra blanquizca que parece ser el producto de la descomposición de restos de rocas feldespáticas; y continuando hacia abajo aparece un gres gris azulado, no muy duro, que contiene muchos fósiles y principalmente moluscos marinos, entre los que domina la Ostrea Patagónica mezclada con especies de Venus, Pectens, Mactra, Cardium y Turritella.

Estos fósiles aparecen muchas veces en la superficie del suelo, en las faldas de pequeñas colinas donde en otro tiempo se rompían las olas del mar terciario.

Cerca de la isla Pavón, existe una colina muy abundante en esos organismos fósiles, por cuyo motivo los habitantes de la isla han dado en llamarla Cerro de los Caracoles. Yo recogí en él, en enero del año pasado, algunas ostras de más de un pie de diámetro.

En ese mismo terreno se hallan con frecuencia restos de Nesodontes, Macranchenia, Palaeotherium, Anoplotherium y Hoplophorus ornatus.

Debo mencionar también la presencia de un animal parecido al Dinoceras del período eoceno en Norteamérica.

Es imposible ocuparse de estos animales gigantescos, que poblaban en otro tiempo las pampas patagónicas, sin experimentar la más profunda admiración.

¡Qué diferencia entre aquellos animales y sus representantes en la época actual!

El valle del Santa Cruz parece haber sido ocupado en tiempos muy remotos por un brazo de mar que unía el Atlántico con el Pacífico.

El naturalista Darwin, después de hacer notar la semejanza notable de las altas escarpaduras que ocupan los dos lados del valle, y la presencia de caracoles fósiles marinos en el lecho del río, agrega estas palabras. "Si no fuera por la falta de espacio, podría probar que en otro tiempo un estrecho parecido al de Magallanes, y uniendo como él el Océano Atlántico al Pacífico, atravesaba la América Meridional en ese punto"2.

La vegetación general del valle es bastante pobre, pero mejora sensiblemente a medida que se avanza al oeste, concluyendo por encontrarse al pie de los Andes y bordeando los lagos Argentino y Viedma, magníficos bosques de robles y hermosos campos de trébol y pastos tiernos matizados con rojas fucsias.

El valle es cultivable en algunos puntos, y particularmente en las inmediaciones de la isla Pavón, la que, como las demás islas e islotes, se presta, admirablemente para la producción de cereales.

Antes de finalizar este capítulo diré algunas palabras respecto de un delfín muy abundante en la bahía de Santa Cruz.

Ese cetáceo es el Delphinus obscurus, Gray, o D.Fitzroyii, Waterouse. Se halla descrito y figurado en la obra: Zoology of the Vogage of the Beagle.

Durante mi permanencia en la isla Pavón tomé las siguientes medidas sobre dos ejemplares completos:

Número 1 Número 2
Longitud entera 1,41 1,55
Longitud de la boca 0,13 0,17
Altura de la aleta dorsal 0,11 0,11
Circunferencia debajo de las aletas 0,32 0,30
Distancia entre las dos alas de la aleta cuadal 0,32 0,35

El cráneo del número 2, que he regalado al Museo de la Provincia, es de una hembra; mide 12 pulgadas de largo y está armado de 28 dientes de cada lado de la mandíbula superior y 30 en la inferior.

Capítulo anterior Siguiente capítulo

Notas:

1 Por un olvido lamentable no he señalado en el mapa los descubrimientos del señor Moreno.

2 Voyage d'un naturaliste autour du monde, traducido del inglés al francés por Edmond Barbier, pag. 194.