Memorias de un Sargento de Gendarmería
I. El ingreso III. Escuadrón Clorinda. Jefes, secciones, grupos y puestos IV. El "pampa" de la "Santa Catalina" VI. Bromas y chistes de camaradas. VIII. Tigres, yaguatetés o petisos IX. Jabalíes X. Baqueanos XII. Paso "Eckarbers" XIII. Obregó y Carristón XIV. Narvaes Cecilio XV. Estancia de Oro XVI. Aborígenes de nuestros Chacos XVII. Miserias de nuestro Chaco XVIII. Un relato a lo nuestro XIX. Tragedia en las costas del Pilcomayo. XXI. Fue en obraje |
Este capítulo lo dedicaré a narrarles algo sobre costumbres y modo de vivir de los indígenas de nuestros "Chacos", formoseño, salteño, los verdaderos indios del Chaco y otros.
Tobas, matacos, mocovíes, pilagás, chorotes, mochos, lenguas, misioneros, macás, sanapanás, cainguás, tapenagás y vilelas, estos tres últimos pertenecen al Chaco boreal, "Chaco paraguayo", aunque también saben andar en los límites con Brasil, en la provincia de Misiones, en compañía de guayaquíes.
Toda tribu tiene su cacique, su lenguaraz y su hechicero, "Aiawú", como ellos le llaman. El primero, elegido entre los más fuertes y sabios, es el que hace los tratos comerciales y arregla los asuntos y querellas en los toldos.
El hechicero es el que, con sus gritos, cantos, sangrías, emplastos y "beberajes" preparados con yuyos y raíces de la selva, como la canchalagua, el pindó, molle, caarurupé, catuabá, doradilla, "ñatí-puitá", espina colorada, pata de buey, yerba de la piedra, tramontana y muchos otros; cada cual tiene una misión de cura diferente; y con grasa de animales silvestres, como la del yacaré, carpincho, "teyú-guazú", iguana, e invocando para todas sus curas al "Onagait", espíritu del Bien, para ahuyentar al "Dalematá", espíritu del mal, cura a todos los enfermos de la toldería.
Cuando todos sus esfuerzos fallan, entonces el enfermo es abandonado a su dolor y a su miseria; y así muere, como un animal herido en la selva por un cazador. Para el indio no hay atención médica, casi ni en las reducciones; si la hay, es muy escasa. Cuando muere, queman su toldo y a veces todas sus pertenencias; mas si el que ha muerto lo hizo de peste o enfermedad contagiosa (como ser viruelas) entonces, después de quemar todo, huyen hacia otros lugares, para que el "dalematá" no los alcance con su maleficio.
Nuestros "paisanos" (como llamamos nosotros a los del Chaco) son todos de andar errante. Siempre perseguidos, se les ve vagar, jornadas y jornadas, caminando bajo el sol calcinante con sus bronceados cuerpos y sus míseros harapos, con sus "chacas" (collar de plumas de avestruz), que usan, según ellos, para contrarrestar el cansancio de las grandes marchas, y contra las picaduras de insectos y alimañas. Marchan con sus hijos, sus flacos perros y sus "guachos", que son animales silvestres a los que crían desde chiquitos y por los que sienten gran cariño, como "capibaras" (carpinchos), "mañik" (avestruz), "guazú" (venado) y otros. Es difícil hallarlos en un mismo sitio, siempre dispersos y en entera promiscuidad.
A los tobas se les encuentra desde el alto Pilcomayo hasta los límites del Chaco y a veces en Corrientes, junto con matacos, mocovíes y pilagás. Salvo el mataco, que es de mediana estatura, más bien bajo, los demás son corpulentos. Sus físicos sorprendentes parecen tallados en piedra, de cabellos lacios renegridos, lampiños en su barba y bigote, único contraste éste de que los ha dotado la naturaleza. Los matacos también se reúnen en el Bermejo y suelen llegar hasta Pozo del Tigre y otros puntos.
Los chorotes, misioneros, mochos y chaguancos andan por Salta y Jujuy. Los va matando y exterminando el terrible vicio del alcohol y la coca, "ayudados" por los no menos terribles males de la puna y el paludismo.
Cainguas y chulupíes se encuentran en Misiones, aunque tengo entendido que su lugar de origen es el Paraguay y límites del Brasil, junto a vilelas y tapenagás.
Dicen y he oído decir que los indios —al menos, algunas tribus— son peligrosos, taimados, ladrones, criminales en su acción. Yo no lo creo. Que son desconfiados y huraños, es cierto; pero esto se debe a que siempre han sido engañados y, lo que es peor, perseguidos como animales rabiosos, despojados de cuanto han tenido, humillados, escarnecidos y azotados cruelmente.
Cuando roban o faenan un animal en el monte, lo hacen por extrema necesidad; pero me pregunto yo: ¿qué pecado es éste para los que fueron dueños y señores de ésta, su tierra... ?
A nuestros indígenas se les ve todavía en las orillas del Pilcomayo y otros ríos, pescando o cazando en sus celosos "cachiveos", embarcaciones que elaboran con el tronco de un timbo o ceibo, al que ahuencan pacientemente con sus rudimentarias herramientas de trabajo.
Para el "Anya-có" (pesca) usan la "fija", elemento hecho de madera o caña tacuara con un arpón en la punta, que va amarrado a una liana o tiento y con el que no erran al "niaks" (pescado) por más veloz que sea. Usan también para pescar el arco y la flecha. El arco es elaborado con la madera del "guayaibí" (fresno) y otros árboles, y el "lequet-chiquenek", cuerda del arco, con la fibra de ciertos vegetales o tientos de animales silvestres, como ser el "guazú-puitá" o "guazú-virá", ciervo colorado y venadillo de nuestras selvas. Usan también para pescar la "guanamat", aparato especie de red que va adherida a dos palos transversales. Para "mariscar" (cazar), emplean diferentes armas, con preferencia el arco y la flecha, el "baicabá" de alambre aguzado, el "nolquech" (cuchillo afilado puntiagudo) y la "cetena", hacha de madera dura.
Para la caza del avestruz, el "paisano" se cubre todo con hojas de palma y así "camuflado" se va acercando pacientemente y en sigilo. Cuando el animal come, el indio avanza; cuando levanta la cabeza, se para; son tan hábiles y prácticos que a veces llegan para cobrar la pieza elegida a menos de diez metros; y no solamente al avestruz así cazan, sino a otras bestias de muy fino olfato, teniendo la precaución de acercarse a éstas con "viento en contra", para no ser delatados...
El indio no vive solamente cazando y pescando. Tiene también su diversión y sus fiestas durante el tiempo de la "aloja", cuando madura el algarrobo y está cubierto de sabrosas y amieladas vainas. El "paisano" deserta de su toldo, conchabo, reducción o misión en que se encuentra y ya más nada ni nadie puede detenerle... Se pierde entre los montes, cuando está a punto, comienza la "farra", noches y noches, bebiendo, bailando y cantando, idiotizados por el alcohol. Es entonces cuando empieza a sonar el "pim-pim", tambor fabricado con un trozo de madera especial que ellos conocen. La mayoría de las veces va cubierto por un cuero de cabra. Así comienza la danza y los cantores y chinas (adornados con sus "chachuscas", cuerda que llevan en la cintura y a la que van adheridas figuras de latas y metales para hacer más ruido) bailan tomados de la mano o de un garrote. Los mozos cantan (o mejor dicho, gritan), y su voz y su pim-pim es escuchado a kilómetros de distancia.
Así amanecen, rendidos por el alcohol y la danza. Al otro día continuarán como si nada. Terminada la "alojeada", con el tiempo proliferan los toldos, donde se ven nuevos "capíolets" (chicos), en brazos de las "chinas", frutos de la alojeada,..