Memorias de un Sargento de Gendarmería

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Capítulo XIII. OBREGO Y CARRISTON

Aconteció este hecho en una de las secciones del escuadrón. Se había designado para una patrulla a los gendarmes nombrados en el título de este capítulo. ¡Los dos rindieron sus vidas en cumplimiento del deber! Hoy son dignos de pertenecer al glorioso Cuadro de Honor de nuestra institución.

Digna pasta de héroes, merecen nuestro imborrable recuerdo. Valerosos muchachos, salieron de patrulla una noche oscura. Reinaba mal tiempo; eran muy peligrosas las barrancas por donde transitaban sobre el río Paraguay; pero la misión asignada debía cumplirse, y nada ni nadie podía detener su marcha. De pronto y llegando al paso Lapango sobre el río Paraguay, el caballo que montaba el cordobés Obregó, erra el paso y se precipita al río mencionado, despidiendo a su jinete de la montura. ¡Instantes de angustia para el compañero, el tucumano Carristón; pero es sólo un momento! Se larga de su cabalgadura y empieza a desvestirse; pero la angustiada voz de su compañero, que no sabía nadar, y está en trance de ahogarse, le taladra sus fibras, pidiéndole socorro. ¡No hay tiempo que perder, no lo piensa más, se da cuenta de que su compañero está en mortal peligro! Sabe que él también lo está; pero no titubea y se arroja a las revueltas aguas desde la barranca. Nada con desesperación. Sus ropas y borceguíes, que no pudo sacarse en el apuro, le impiden que sus movimientos sean más rápidos. ¡Ya llega junto al compañero, mas cuando ya están casi fuera de peligro; se los traga un remolino! ¡Las traidoras aguas cobran dos víctimas más...! Las cabalgaduras aparecen esa misma noche en la sección Pilcomayo, a una legua del lugar de la desgracia. Salen los gendarmes, velozmente, en su socorro, con la angustia pintada en sus semblantes, intuyen de que algo terrible les ha ocurrido a sus dueños...

¡Mas son. inútiles todos sus esfuerzos! ¡Ya se ha sellado el destino de otros dos camaradas! Y así, abrazados en su desgracia, se les encuentra al otro día, junto a un "raigón" (raíces de las costas o troncos entrelazados entre sí que acumulan las aguas), a estos inolvidables muchachos, uno cordobés, otro tucumano...


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