Aproximación al Horizonte Mítico de los Tobas

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plusAproximación al Horizonte Mítico de los Tobas. Edgardo J. Cordeu (1969)

I. Introducción

II. Hierofanías y figuraciones vinculadas al espacio.

III. Hierofanías y figuraciones vinculadas al tiempo.

IV. Reinterpretaciones sincréticas

V. Síntesis y conclusiones

Nómina de informantes

Denominación de la fauna chaquense mencionada en el texto

Bibliografía

II. Hierofanías y figuraciones vinculadas al espacio.

El Plano Celeste

Alto Dios

No nos proponemos inquirir ahora sobre el proceso de génesis de la presencia de un alto dios en la religiosidad toba. Más, aún sin negar de plano la posibilidad que él mismo tuviera algo que ver con los intentos de conversión practicados esporádicamente durante los siglos XVII y XVIII, a partir del Padre Bárcena, si debiéramos terciar en la polémica abierta por Métraux 130 en contra de Palavecino, puntualizando que sus investigaciones en el Chaco no confirman los resultados de este último entre los Pilagá 131sobre la presencia de un dios uránico en esa cultura, nuestras conclusiones nos inclinarían decididamente en favor de Palavecino 132.

Expondremos seguidamente algunos testimonios sobre las características del Dios del Cielo, K'atá, tal como lo describen en Miraflores:

Relato N° 53

"K'atá 133 cuida el mundo. Está lejos, pero él está mirando desde allá lo que pasa acá abajo, en esta tierra".

"Si viene una cosa, una necesidad, entonces el paisano le pide, y él escucha esa palabra- no importa a cuántas leguas está K'atá, porque el Dios siente esa palabra. Ya pasó el choque, ya el Padre ayudó".

"De antes salió ése; no sabemos cómo. Si usted nació ya se sabe de su padre, pero de ese no, no se sabe nada. Nadie sabe de cuando K'atá está en el cielo".

"K'atá... yo ya no comprendo esto; ya ése se cambió ahora. El primero, ese K'atá se cambia, se acabó. No le conocemos su cría".

"El de ahora, el del Culto, ése es otro, otra persona".

"Es persona; pero no es como nosotros ni como los cristianos. Ese es de los otros; de los paisanos de antes ya".

"A lo mejor anda en el monte. A veces se va a volar, pero no se lo ve. Porque K'atá es de arriba; pero si se baja, entonces hay viento".

"Nadie conoce la figura de K'atá. No es tan buen Dios, no lo creas vos".

"Dios ha venido algunas veces. También enseñó a sembrar, como cuando te conté del Viejito de la Estaca 134, ese sarnoso tirado ahí".

"Dios ha fabricado el mundo, y dejó el conocimiento de una vez para siempre. Una vez se bajó, y ahí enseñó todas las cosas a esos viejos de antes de nosotros" (P. Yorqui).

Relato N° 54

"K'atá es Nuestro Padre. Es más poderoso que Nowet y que Nalah".

"K'atá vive en el cielo; vive en el sol, vive en Nalah. El sol es como si fuera su ojo; como anteojo, para vigilarnos. El viento le lleva nuestras palabras".
"Dios lo puso todo: sol, luna, estrellas; pero no sabemos donde vive".

"Para hacer la tierra, agarró un cascote; lo bendijo y así creció el mundo. Era limpio y seco; sin plantas ni animales".

"Dios ordenó además no matar y no despreciar" (A. Roldán).

Las informaciones de otras épocas, siempre escasas y fragmentarias, tienden a confirmar la creencia en un dios del cielo en las poblaciones del grupo Guaycurú. Recordemos sumariamente para el siglo XVIII la noticia del jesuita Dobrizhoffer 135 acerca de Aharaigicki, la deidad celeste que los Abipones figuraban en la constelación de las Pléyades y a la que denominaban "abuelito" o "nuestro abuelo". Igualmente, a fines del siglo pasado, Baldrich 136 escribe: "les conocemos un dios, Cotoag, al que temen y veneran e invocan en la pelea"; asimismo, Carranza 137 traduce la designación Koktá por "divinidad". La semejanza del nombre permite evidentemente la asimilación de aquéllos con K'atá registrado por nosotros.

Nos relataba también el mismo Roldán, que antiguamente sólo se sabía de K'atá "que todas esas cosas que se ven arriba, son de Dios". Por lo demás, no recuerdan la existencia de ninguna clase de cultos colectivos a K'atá; solamente se le dirigían ruegos en épocas de necesidad, hambre o sequía prolongada, pero la oración siempre era individual; le rezaban igualmente antes de salir de cacería, a fin de preservarse de los peligros del monte. La brevedad de referencias a K'atá, comparadas con Nowet, confirmarían en todas formas que si bien el tema del alto dios fue conocido en otras épocas independientemente de las influencias cristianas, en ningún caso jugó en la vida religiosa un papel parangonable con el de las entidades animalísticas; con las cuales tampoco se aclaran demasiado sus relaciones.

Son de notar al mismo tiempo algunos rasgos de K'atá que, como personalización religiosa, se separa bastante de la noción cristiana de Dios, remitiéndose más bien a la de deidad celeste tal como la caracterizara Pettazzoni 138; haciendo especial hincapié de nuestra parte en su casi completa indiferencia hacia los hombres, y en la ociosidad de sus poderes fuera de las épocas de trastorno o regeneración cósmica, en que solamente entonces se revela verdaderamente como una deidad omnipotente y activa. En primer término, pese a distinguir nítidamente a K'atá del cielo (Peg'im), se afirma seguidamente que en ese lugar está su morada y que incluso emplea algún astro a guisa de ojos para observar la tierra; igualmente, lo diferencian claramente del sol y de cualquier otro astro. También, en relación con el cielo y los fenómenos meteóricos, le vinculan en ocasiones el envío o retiro de lluvias y vientos; aunque es bueno recordar que idénticos rasgos son además patrimonio de las deidades animalísticas. No se da mayor lugar a la descripción de su figura ni se enfatiza su presunta vejez.

En lo que respecta a la interpretación» mítica de sus cualidades y poderes, se le asigna la responsabilidad por la creación de cielo, tierra, astros, plantas, y, como veremos al tratar los mitos antropogónicos, se extiende también aquella al origen de los hombres y los animales y sus respectivas deidades animalísticas; se reconoce simultáneamente que los poderes de éstas son menores que los de K'atá. Se remite a la deidad uránica el origen del lenguaje de las nociones morales y, al parecer, de la capacidad de conocer. Es importante recalcar, en el sentido de las conclusiones de Pettazzoni, que las infracciones a sus mandatos son castigadas mediante agentes uránicos; con el retiro de lluvias, o sino con periódicos cataclismos de agua, fuego, obscuridad, terremotos, etc. Otros rasgos propios de los dioses del cielo, como la omnipotencia, la supremacía absoluta, la omnipresencia, la omnivigencia, o la omnisciencia, o bien son relativos y no se le denotan demasiado a K'atá, o sino están fuertemente acotados y sustituidos por las cualidades correspondientes de los señores de los animales.

Amén de la lúcida distinción puntualizada por P. Yorqui entre K'atá y la deidad cristiana, importa destacar nuevamente, como lo hace el mismo informante, los elementos temibles que comporta la economía de lo sagrado inherente a la entidad uránica, la cual por otra parte encaja perfectamente en la de Nowet y los restantes dueños de las especies. Con el cielo se vinculan las causas y fundamentos de los "orígenes" pero también las nociones culturales del pecado y la culpa. Desde arriba han llegado los hombres, mujeres y animales primigenios; los lazos entre el cielo y la tierra son múltiples; los señalan la presencia de tesmóforos y mensajeros divinos, la idea en otras épocas de un árbol del mundo y ahora de un eje cósmico por el que suben los shamanes en sus peregrinaciones extáticas a las regiones superiores, los descensos periódicos de K'atá con el propósito de vigilar y corregir la creación o renovarla nuevamente, etc. En contrapartida, al mismo tiempo radican obscuros poderes en el cielo, que en alguna medida forman parte de la fisionomía del alto dios y que traen consigo riesgos y desazones a los hombres. Recordemos sino un fragmento de un mito de origen de las mujeres:

Relato N° 55

"Vienen de allá arriba esas mujeres. Por eso es que traen con ellas todo ese peligro".

"¿Quién sabe qué es lo que habrá allá arriba? Habrá cosas buenas, no te digo que no; pero también hay cosas de las otras. Acá abajo no sabemos de todo lo que hay allá arriba".

"No te creas tos que ese K'atá es tan bueno; como dicen por ahí o en el Culto. Es así y así, más o menos. También trae peligro y también se enoja ese hombre".

"Por eso entonces él manda cambiar las cosas, y se da vuelta el mundo otra vez" (P. Yorqui).

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Notas:

130 Métraux, 1967: 123.

131 Palavecino, 1933: 570 y sgts.

132 A renglón seguido de su crítica a Palavecino, Métraux (1967: 123) emite una de las pocas opiniones vertidas basta la fecha sobre la caracterización etnológica de las religiones chaquenses en conjunto: "Mi experiencia de Tobas y Pilagás, así como de Matacos, me permite afirmar formalmente que, en la religión actual de esos indios no hay rasgos de una creencia tal -alto dios-. Las mitologías toba y mataca que he recogido y publicado... no hacen mención a la misma. Ellas muestran además que aparte de ciertos rasgos arcaicos, la vida religiosa y social de Tobas y Matacos se parece mucho más a la de las forestas tropicales que a la de las poblaciones de Patagonia o de Tierra del Fuego". No es intención nuestra polemizar con quien, aparte de los méritos indiscutibles de su obra, no puede ya contestarnos. Pero, a los hechos y criterios aportados por Métraux acerca del carácter semejante "a la de las forestas tropicales'', bien podemos oponer los aquí expuestos sobre la integración de la religión toba; ellos la confirman, esencialmente, como a una forma arcaica de religiosidad cazadora, que luego sí sufrió influencias y alteraciones de distinto tipo, y no sólo de las Selvas.

133 K'atá: "Nuestro Padre".

134 Ver Relato N° 69.

135 Dobrizhoffer, 1822, vol. II: 58-59 y 65.

136 Baldrich, 1989: 265.

137 Carranza, 1900: 19.

138 Pettazzoni, 1922: 349-373.