Aproximación al Horizonte Mítico de los Tobas
El Plano Terrestre
Otras hierofanías asociados a la topografía mítica
Haciendo por un momento a un lado las deidades animalísticas mayores, describiremos brevemente otros caracteres de la concepción del espacio sagrado.
Además de distinguir el mundo subterráneo, la superficie terrestre y el plano celeste, los Tobas conocen y denominan las cuatro direcciones cardinales: Norte (shik), Sur (lagñarák), Este (iogoñek) y Oeste (arik). De las cuatro, el Norte y el Sur se destacan respecto de las otras dos, ya que ambos se asocian a las deidades que gobiernan los vientos principales:
Relato N° 42
"El que hizo los vientos, antes era eso cuando los hizo, fue solamente Dios. Un espíritu maneja el viento del Norte. Otro es el que maneja el viento ese; ese que viene con el agua".
"Hay, como te digo, dos espíritus, sentados allá, muy lejos. Estos son, el del viento caliente del Norte, y el que trae el viento helado del Sur".
"Los dos espíritus, el del Norte y el del Sur, hacen el viento barriendo como con una escoba. Esos poderosos tienen alas; por eso hay viento en todos estos lugares, en el monte y en el campo pelado" (P. Yorqui).
El cielo, el aire, la tierra, las aguas, las profundidades, los árboles, y en realidad cualquier objeto, están pobladas por entidades de forma y voluntad indeterminada, los "payak". Nuestras observaciones al respecto concuerdan con las de Métraux 102, quien los diferencia del alma etérea que se separa del cuerpo. Sus poderes son múltiples, por lo general temibles para los indios, quienes reparan más bien en ello que en preocuparse por caracterizar su figura. Desempeñan, entre otras, las funciones de mensajeros, espías o guardianes de Nowet o de los otros dueños de los animales, y a veces también de K'atá, la deidad uránica. En ocasiones son los causantes directos de enfermedades y sucesos nefastos, en otras, los piogonak pueden corporizarlos como serpientes malignas:
Relato N° 43
"Hay muchos espíritus acá. También hay muchos en el monte, en el pasto, en los vientos. Ahí viene ese viento ¿lo ves?; bueno, él escucha lo que acá decimos y lo lleva, vaya a saber a quién"
"Escucha si hablamos con mala palabra, o qué es lo que decimos. Y si no le gusta, la lleva a esa palabra".
"Te acordás del rayo que cayó ayer cerquita de acá? Bueno, seguramente alguno de esos llevó esa palabra que decíamos nosotros, y por eso cayó el rayo ese. Vaya a saber uno si se la llevó a Nowet o al piogonak".
"Acá abajo, donde estamos nosotros, hay muchos espíritus. La víbora tiene que tener espíritu de persona. En el monte tiene que haber espíritu también. Lo mismo pasa dentro del agua; también hay espíritus allá abajo".
"Hay una gran cantidad de esos; que son como perros, pero con cola y pezuñas de guasuncho. Esos recorren el mundo; llevan mensajes y le dicen a Nowet o a los Jefes de Animales, los peones esos que puso Nowet, de todo lo que pasa en la tierra, o de lo que les hacen a los bichos de él".
"Por eso hay viento Norte y viento Sur. No hay lugar vacío; todo lugar está lleno de espíritus, y esos llevan todo lo que oyen" (P. Yorqui).
Desde otro ángulo, discriminan claramente dos categorías distintas dentro del mundo de los "payak". En primer lugar, los "kaolkg'raik", benignos o indiferentes; y, por la otra los malignos "nanaig'raik", fundamentalmente distintos de los anteriores en razón de la definición de su figura:
Relato N° 44
"Ellos, los nanaig'raik, llevan muchas figuras; como las películas que se ven en el cine. Un rato son de una forma, y al rato ¡de golpe!, ya son esos otra vez de otra, y los paisanos se confunden" (C. Burgos).
Existen una serie de detalles sobre el tratamiento a seguir con los "payak" de cualquier clase, benignos, indiferentes o malignos que, en términos generales, son comunes con el cuidado a observar con toda entidad religiosa. Así por ejemplo, ya mencionamos los tabúes de caza y la forma en que su violación es conocida y castigada; de la misma manera, tampoco se dejan libradas al azar ni las conversaciones ni los objetos de cualquier clase; pueden ser escuchadas las unas o contaminados los otros por algún espíritu dañino, lo que acarrea siempre enfermedades o malas consecuencias al imprudente.
Observan, por lo mismo, un cuidado especial en no emplear sin absoluta necesidad los nombres de K'atá, Nowet, Salamanca, de cualquier otra hierofanía e incluso de los shamanes del lugar. Hay así un verdadero tabú con las palabras que nombran o evocan lo sagrado; por eso prefieren referirse a las entidades potentes empleando circunloquios: "ese que te dije", "ese o eso que vos decís", evitando en todo caso la designación directa.
Las relaciones entre el lenguaje y la divinidad uránica son directas y evidentes; mucho más que con los dueños de los animales. Ello explica la resonancia religiosa que casi siempre traen consigo muchas palabras, y por ende las precauciones exageradas que se toman al respecto. Según P. Yorqui, K'atá enseñó directamente a los hombres el don del lenguaje, a diferencia de los bienes culturales trasmitidos por tesmóforos. También Roldán afirma que el lenguaje proviene del dios del cielo en forma directa: Metzgoshé, el Antecesor en las versiones modernas del mito de origen, escuchó una voz desde el cielo y recién entonces adquirió el habla.
Notas:
102 Métraux, 1967: 123.