Aproximación al Horizonte Mítico de los Tobas
Reinterpretación Antropogónica
Sistematización del ciclo de Metzgoshé
El Salvador
Relato N° 78
"Los viejos piensan siempre en Metzgoshé; cuando sienten que hay guerra o revolución, saben que es él y se asustan. Es poderoso Metzgoshé, él tiene un poder como el de Nowet. ¡Por eso es fuerte en la lucha!"
"De ese tiempo, de cuando él pelea, es todo esto; de cuando él comienza a pelear con los españoles, con los cristianos. Metzgoshé está en contra de todos; él pelea con Cristianos, con Mocovis, con Matacos, con Pilagas. Metzgoshé también luchó junto con Cristo, cuando a ése lo mataron; y por eso, de ahí le viene su fuerza".
"Andaba hasta en los alrededores de Buenos Aires y de Salta; en todos esos lugares él andaba".
"Y tenía la gente de él. Que se llamaban Matolí, y el otro Abrashek, y el otro Lagshlitolik. Esa era la gente de él; ellos pelearon cuando vino el Ejército".
"Los españoles, los cristianos, ésos no quieren mezcla con los Tobas. Quieren todo para ellos y quieren fundir este mundo. Entonces Metzgoshé los peleó con fiereza".
"Los peleó tres años. No tienen otra cosa que lanza los indios; no tienen ni avión, ni escopeta, ni cuchillo como los otros. Entonces mueren muchos paisanos, y mueren también mucho los españoles. Entonces entró a pelear San Martín junto con los españoles".
"Le tiraron esos a Metzgoshé. Le tiraban pero no lo mataban, no lo podían matar a ése. Hasta que Metzgoshé llegó a Lavalle; a ver si con las ovejas, vacas y caballos, podía pasar la banda; pero los milicos no lo dejaron. Hizo una balsa de palos, y allí se amontonó la gente; ¿cómo hacemos ahora?, le preguntaban"
"Pasó unos días Metzgoshé; luchando y luchando sobre el caballo. ¡Meta y meta con la lanza!: cruza con lanza y caballo la fila de los milicos y ¡zas!, ¡un milico echando sangre!; vuelve para atrás, ¡y otro milico en la lanza! Cuando los indios caían, los milicos apuntaban al Metzgoshé, pero a él no le daba cuenta morir y no le pegaban las balas. ¡Si parecía un juguete lo que él hacía!"
"El quería que termine esa gente y que no hubiera más lucha, ¿pero qué?, si cada vez más se amontonaban, y cada vez llegaba más gente de los cristianos".
"A Metzgoshé no lo podían agarrar pero lo perseguían. Va reculando para allá, para atrás. Un día entero pasa luchando con toda esa gente. ¡Carajo!, milicos y tobas, todos entreverados, ¡tirando! Pero a Metzgoshé no lo voltean, a él no le pueden pegar".
"Al final lo agarraron y lo llevaron. Pero jamás se ha visto que lo hayan matado. Lo llevaron, maneado como oveja, pero no sabemos donde. Pero sabemos que está vivo, aunque no han visto lo que han hecho con el Metzgoshé".
"Metzgoshé quería hacer que no haya más blancos. ¿Pero qué? si crecen como el agua esas personas".
"Metzgoshé alcanzó y luchó contra el San Martín. No, no es amigo San Martín; casi lo alcanzó a matar a Metzgoshé ese hombre. Allá, en el campo de Boca, es donde se encontraron el Metzgoshé y San Martín; allá, en la costa del Bermejo. San Martín quiso pelear y ganó la guerra contra Metzgoshé. Después se conocen y son amigos, y Metzgoshé saludó a San Martín; si no lo hubiera hecho, todos los Tobas se habrían jodido".
"Entonces los milicos agarraron toda esa hacienda que les mezquinaba el Metzgoshé: vacas, ovejas, caballos, ¡esas buenas lecheras!"
"Metzgoshé, cuando mariscaba, encontró la primera yunta de caballos en una laguna; eran mansitos y los montaron. Después, cuando tuvieron cría, esos otros se pusieron ariscos. Dicen que las vacas y ovejas también las encontró en el agua. Las había traído del sur; por eso los indios tenían vacas".
"Cuando les sacan la hacienda, los indios se desaparecen. Claro, no sufren porque vuelven a la vida de ellos. Hay miel, hay pescado junto al Bermejo, y ahí encontraron su vida. ¿Y después?, ¡vuelta a empezar!"
"San Martín lo agarró y se lo llevaron al Metzgoshé; Metzgoshé no quería. San Martín le ofertó muchas cosas para que fuera con él, pero los indios no querían. A Metzgoshé lo llevaron en un barco y la gente quedó".
"Lo llevaron al medio del mar. Vino entonces un viento grande del sur, y cuando el barco llegó a la orilla del mar, entonces el Metzgoshé se desapareció".
"Bueno, y no se sabe adónde fue desde entonces. San Martín también se salvó, porque el barco fue hasta la orilla del mar" (P. Yorqui).
Relato N° 79
"Cuando andaba todavía Metzgoshé, él no conoce, no tiene, no conoce ni yerba, ni azúcar, ni nada. Y resulta que viene un general del Ejército que tiene un sombrerito; como si fuera casco, ¿será de fierro? o lo que sea".
"Entonces conversó con Metzgoshé ése, con el primer cacique del tronco de Tobas. El general ése tenía una tropa, y a cada grupo le daba; a cada cacique le daba; así, cuatro vacas, o un torito, o una vaca".
"Esa gente no sabe hablar. Como él tiene, vamos a decir, como Metzgoshé tiene un «secreto», esa noche le habló el secreto: -Ya viene un hombre, ése que viene acá y trae una hacienda; ¡agarrá, es que ése que viene acá nos viene a matar a nosotros, el general ése, para que les demos la hacienda!"
"Y después. Y le tiran, le tiran todos esos milicos, pero no lo pueden voltear. Le apuntan, pero, ¡no va!, no le va la bala al Metzgoshé".
"Y después lo pudieron agarrar y lo manearon. El general ése mandó que en un barco muy grande lo llevaran por el Bermejo. Un barco a vapor era ése y llegó hasta el mar".
"Cuando estaban en medio del mar, al Metzgoshé lo condenaron. Después lo metieron dentro de un cuero de buey sobado; lo cerraron y lo cosieron. Después lo tiraron al agua".
"Y cuando a Metzgoshé los milicos lo tiraron al mar, entonces se levantó en seguida una tormenta grande. ¡Viento, puro viento y pura agua! El barco se dio vuelta y se fue abajo, ¡con toda esa milicada junta! Ese fue el castigo que les dio el Metzgoshé con todo su poder".
"La pelota de cuero flotaba en el agua; con ese viento Metzgoshé se volvió hasta la costa. Entonces el Metzgoshé se fue, y los Tobas ya no sabemos donde está".
"Me dijeron algunos que está en el cielo; pero otros creen que está para allá, para el lado de Salta, y allá vive ahora detrás de una montaña" (A. Gómez).
De esta manera, la figuración de Metzgoshé como Salvador, se va deslindando de los focos más antiguos del interés mítico. Sería ingenuo, no obstante, dejar de reparar que la profundidad de su vigencia, verdadero meridiano de la rearticulación religiosa, es tal, que el incremento de la noción del Salvador reabsorbió, a partir de sus necesidades y esquemas específicos, buena parte de las temáticas del horizonte mítico anterior, imprimiéndoles así una nueva expresión a sus viejas estructuras y contenidos de sentido. En consecuencia, el Ciclo de Metzgoshé se superpuso en forma tal a las actuaciones de otras entidades mítico religiosas, caídas desde ese momento en el olvido, que logró unificar con bastante rigor la preocupación cultural por el origen y destino humanos, añadiéndole asimismo clara conciencia de que el último estará en adelante inextricablemente ligado a la relación con la sociedad dominante.
En dimensión histórica, la narración de Yorqui es una magnífica síntesis del recuerdo indígena de la destrucción de su Época Ecuestre, resumida con su perspectiva mítica en la persona y la historia ejemplar de Metzgoshé.
Es casi segura la existencia histórica del personaje, al igual que las vicisitudes del contacto inicial -combate y alianza precaria con "San Martín"-narradas por los indios. En efecto, los partes del Tte. Cnel. Uriburu, integrante de la expedición del Gral. Victorica en 1884 214, mencionan un encuentro armado con un cacique Mexochí el día 25 de octubre, quien agrupaba las fracciones de los caciques Danchí, Pitaikí, Tenakí e Irasoik; relatan que su toldería alcanzaba "una extensión de más de ocho cuadras de largo... teniendo de trecho en trecho pasos resguardados con gruesos troncos y con capacidad para tres personas, desde donde nos dirigían las flechas" 215. Después de reducirlo, el Tte. Cnel. Uriburu el 7 de noviembre firma un acta de sometimiento, en la que Mexochí se compromete a concentrar pacíficamente las indiadas bajo su influencia en La Cangayé. Al año siguiente. los informes del Mayor Pérez 216 arrojan algo más de luz sobre Metzgoshé; mencionan que el compromiso anterior no fue cumplido ya que, apenas reunidas, las indiadas fueron dispersadas por fuerzas del Gral. Fotheringham, quien independientemente de Uriburu avanzaba desde Formosa. Más tarde, "dejando antes a Mescochí con la comisión de reunir a toda su indiada que pasan largamente de mil lanzas", el Mayor Pérez marchó con otros cautivos a Presidencia Roca; al cruzar el Bermejo, "se volcó ésta [una canoa]... de cuya resulta se ahogaron seis de chusma". Otras informaciones de la época también dan noticias de un cacique Meroichí 217.
Pese a su parquedad característica, estas fuentes no dan indicio de que Metzgoshé haya encabezado ningún movimiento de corte mesiánico, como los que con seguridad les conocemos a los Tobas en 1924 218, lo que hace probable que la asignación de los rasgos del Salvador corresponda a esta última época más que a los momentos iniciales de la penetración. Es sintomático al respecto que Yorqui ubique a Metzgoshé en contemporaneidad o poco antes de los caciques históricos Matolí, Wachurí y Taygoyik, responsable el primero de verdaderas operaciones de guerra contra el Ejército Argentino hacia la primera década de este siglo 219.
Las notas mesiánicas en torno de la concepción de Metzgoshé son indudables; inclusive el recuerdo de sus acciones más próximas está plenamente teñido con los caracteres del salvador mesiánico: ejemplaridad del comportamiento, compromiso de restitución de la plenitud cultural, poderes mágicos y posibilidad de destruir por esa vía a sus enemigos, invulnerabilidad a las balas adversarias, vinculación con Cristo percibido como otro Salvador, inmortalidad, expectación del retorno o sino de reunirse en el futuro con la figuración redentorista, etc.
En otro orden de cuestiones, la contraposición entre Metzgoshé y San Martín representa a nuestro juicio, en el plano de la aprehensión mítica del cambio cultural, la confrontación entre una totalización del saber aborigen acerca de la sociedad dominante y su autoconciencia de las dificultades y frustraciones de la relación con aquélla. Pareciera que cada uno de los grupos en contacto fuese subsumido y expresado en sus arquetipos por excelencia, y por ende más conocidos; es razonable, pues, dados sus conocimientos más que rudimentarios de la historia patria, que los indios no comprendieran la importancia del Gral. San Martín, tan difundida y recalcada por las instituciones de la cultura nacional, sino refiriéndolo como causa inmediata de su propia conmoción histórica.
Si la relación Metzgoshé-San Martín encubre entonces la dialéctica típica de las ideologías indígenas surgidas del contacto, es fácil entender, en consecuencia, que sus formulaciones concretas acojan la indefinición de actitudes y comportamientos ante el mismo que las caracterizan al momento presente. Vimos ya en San Martín la representación victoriosa de la cultura dominante, y, recíprocamente, su anhelada destrucción provocada por la vindicta del Salvador. De otro grupo toba, en cambio, proviene la siguiente narración, consignada por Amoroso 220, en la cual la relación reviste por el contrario el aspecto de una alianza entre ambos:
"Cuatro son los grandes caciques que tuvo la nación toba, pero entre ellos el más grande fue Metsoché, que fue el más valiente; tiene compasión de Dios, que les envió al espíritu; le dio la visión del general San Martín para que no haga daño a los indios, porque Bino habría de morir. Luego se abrazaron. El se entregó cuando Be abrazó con San Martín. Vino en barco por no sé qué río al Norte. El general San Martín dijo al Cacique Metsoché: Todos vamos al trabajo con sus hijos y familias en el barco. No volvió más. Tres vinieron de vuelta a Resistencia de los que habían ido con San Martín. Dicen que todos están bien. Buscan a sus familias que se quedaron aquí para llevarlas. Lo llevó a Tucumán o a San Pedro el general San Martín. Hicieron la enseñanza mecánica y todos tienen oficio. El -Capac, el informante- tenía 9 años cuando conocía al cacique. Con su fuerza, Metsoché si le agarra le tira a tres metros. Las armas de fuego no le hacen daño. Debe tener algún poder. El que no tiene poder, ni fuerza para ser cacique, no tiene espíritu".
En tal forma, en el horizonte próximo de la temporalidad mítica, apenas alejado de la experiencia inmediata, son acogidos y cargados de sentido los accidentes de la temporalidad histórica. Entre ambas, la apetencia de reconstitución cultural y la estructura que la plasma -el Salvador-, yerguen el puente indispensable, que perdura asimismo en los Cultos surgidos de la predicación cristiana. De cómo se resuelvan ahora en su seno las actitudes ante la cultura blanca que tratamos de precisar, depende en definitiva la contribución indígena a la suerte del proceso de cambio.
Notas:
214 Victorica, 1885: 268-273.
215 Victorica, 1885: 273.
216 Victorica, 1885: 411-412.
217 González (1890: 17) asigna a un hermano del cacique Meroichi el papel protagónico en un conocido episodio de aquella época: un grupo de aborígenes, aseguradas las manos con un cepo de madera, era conducido por las tropas nacionales; al caer agotado, el hermano de Meroichi fue separado del resto cortándole la mano aprisionada de un golpe de sable.
218 Ver nota 7.
219 Ataque contra los fortines Warnes y Brown establecidos en las proximidades del Bermejo, en marzo de 1909; luego de ocupados, las respectivas guarniciones fueron pasadas a degüello (Balado, 1966: 15-16).
220 Amoroso, 1968: 25-26. Pese a que la relación entre Metzgoshé y San Martín es relatada en buenos términos, resalta el motivo típicamente redentorista del mandato de Dios al segundo, so pena de muerte, de no dañar a los indios. Dicho investigador nos ha comunicado personalmente algunas creencias en una región mítica allende las montañas precordilleranas, en la que ahora habitan Metzgoshé y San Martín en ella acogen a los muertos, quienes gozan de abundancia y felicidad perpetuas.