Aproximación al Horizonte Mítico de los Tobas
El Plano Celeste
El Eje del Mundo
La creencia en un gran árbol cósmico, cuyas raíces se hundían en las profundidades hasta alcanzar el reino de los muertos y cuya copa se confundía en el entorno de la bóveda celeste, fue una de las más difundidas en la concepción cosmológica de las distintas parcialidades Guaycurúes.
Los investigadores tantas veces citados, Lehmann Nitsche 154transcribiendo las informaciones del Padre Guevara sobre los Mocovíes del siglo XVIII, Métraux 155 comunicando sus resultados de los Tobas y Pilagáes del río Pilcomayo estudiados en 1933 y 1939, y también Palavecino 156, intentando una caracterización diferencial del tema del árbol del mundo en las mitologías toba y mataca, trasmiten un mito muy semejante en todos los casos. Relata que existía antiguamente en la fronda del árbol, confundida en el cielo, una región paradisíaca a la que los hombres acudían libremente a cazar y pescar trepando por el tronco; cierta vez, la avaricia de algunos con un anciano, provocó su cólera y se vengó derribando el árbol; los cazadores sorprendidos en las ramas no pudieron descender y se transformaron en constelaciones. Desde entonces, las comunicaciones con el plano celeste, son en extremo dificultosas y han quedado reservadas exclusivamente a la mediación de los shamanes.
En Miraflores no hemos conseguido ninguna versión del árbol cósmico, tal como fuera definido en los términos anteriores. No obstante, la noción de un vínculo o pasaje entre los tres pisos del universo, subsiste en la creencia en un largo poste de hierro que los atraviesa y sustenta; desde el fondo del espacio ctónico hasta el extremo del plano celestial:
Relato N° 61
"El cielo no se ha de caer nunca. El cielo parece que tiene como unas patas; es como una estaca que está ahí, para sujetarlo firme. Esa estaca entra así, en la tierra, hasta el fondo".
"Ah, esa estaca no es corta! Llega hasta lo de más abajo, y llega hasta más arriba de todo lo que se ve".
"Y ese que te digo, Dios, es el que la puso".
"Es de fierro; de puro fierro está hecha la estaca. Y no se la ve; nadie la puede ver nunca. Esa estaca la puso el Dios; y nadie puede verla ni subirla para arriba".
"Solamente los piogonak pueden subirla, para llegar hasta la luna. Entonces, cuando pelean estos grandes, entonces hay viento allá arriba"
"Ese que te dije, el hombre sucio del otro cuento, el sarnoso; ése es el que está en la estaca del mundo. Parece que Dios lo puso ahí; echado en el costado de la estaca".
"Cuando está llorando ese viejo, eso quiere decir que un sol está por cambiarse; entonces se tapa ese sol. Entonces dicen que esa estaca está medio así, ¿torcida, eh?, y se tiembla y se mueve, y parece que se va a caer. Pero hasta ahora no se ha caído del todo nunca".
"Cuando está por caerse el fierro ese, esa estaca, dicen que eso pasa porque el viejito se mueve".
"¡Y la tierra se mueve entonces; cuando Dios escucha que algunos cristianos quieren matar a los indios" (P. Yorqui).
No disponemos de elementos para explicar el pasaje desde la antigua concepción del árbol del mundo, vigente hasta no hace mucho tiempo, y posiblemente aun hoy en otros grupos, a otra que reemplaza el árbol con un eje de hierro. Fenómeno que, desde el punto de vista de la suplantación de una estructura mítico-religiosa, es irrelevante indudablemente. Lo que sí pudo producirse posiblemente es una fusión entre el viejecillo que derribó el árbol en los mitos antiguos, la concepción arcaica del dios uránico y las personificaciones del alto dios andino o su enviado, que tienen tanta intervención en los mitos apocalípticos tobas. No olvidemos que el personaje sarnoso y harapiento que cuida la estaca es el mismo a quien se asigna la introducción de la agricultura prehispánica 157, y que es resueltamente identificado también con la deidad del cielo 158. Vale decir, probablemente nos encontremos en presencia de otro de los procesos a cuya resulta las influencias andinas son acogidas y asimiladas en función de las figuraciones más antiguas; en este caso, posiblemente, los conceptos de alto dios y de árbol y eje del mundo.
Por otra parte, en estos momentos, la expresión mítica de la apetencia cultural de justicia, seguramente tiene mucho que ver con la pervivencia del "viejecillo de la estaca" en la vida religiosa. Al erigirla en agente de los cataclismos en que se expían las culpas de los blancos para con los indios, la perduración de una deidad que, casi enteramente aparte del mundo de los dueños de los animales, garantiza cierto equilibrio ético en el universo, parece ciertamente asegurada.
Notas:
154 Lehmann Nitsche, 1924: 67-68.
155 Métraux, 1946b: 24 y 1967: 145-146.
156 Palavecino, 1961: 93-95.
157 Ver Relato N° 69.
158 Ver Relato N° 53.